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Las familias preguntan: modificación de conducta

Durante los talleres de formación de familias fomentamos la intervención de los papás y mamás porque estamos convencidos de que las preguntas que plantean y sus experiencias de primera mano son de gran utilidad para el resto de los participantes. En las líneas siguientes recogemos algunas de las preguntas formuladas durante el taller «Aprendizaje y pautas de modificación de la conducta».

[1] La tutora separa a mi hijo de 4 años del resto de la clase por desobediente. Sin embargo, el niño se comporta bien con sus otros monitores.
[2] ¿Las estrategias de modificación de conducta son válidas para el niño con TDAH?
[3] ¿Cómo podemos modificar el comportamiento de chantaje que utilizan muchos niños entre ellos?
[4] Mi hijo es muy nervioso y molesta al resto de los niños. La profesora me recomienda que cuando empiece a molestar lo saque del parque.
[5] No consigo que mi hijo de ocho años permanezca concentrado cuando hacemos los deberes.
[6] Mi hijo de dos años pega continuamente y no sabemos cómo gestionarlo.

La tutora separa a mi hijo de 4 años del resto de la clase por desobediente. Sin embargo, el niño se comporta bien con sus otros monitores.

Cuando hay diferencias de comportamiento tan marcadas entre contextos es probable que haya algo contextualizado que desencadene esa respuesta. Tendríamos que empezar delimitando cuál es la conducta-problema, cuál es el desencadenante y cuál es la consecuencia. Puede ocurrir que la tutora esté reforzando sin darse cuenta la conducta problemática. Desconocemos la razón por la que el niño necesita llamar la atención de la profesora pero, si como resultado de su desobediencia, consigue que ésta le preste atención, seguirá repitiendo esa conducta. Además, no sabe cómo actuar de otra forma y al castigarlo (separándolo de sus compañeros) no le estamos ofreciendo ninguna alternativa válida. Por otra parte, el castigo estigmatiza al niño porque es etiquetado por todos como el que «siempre está molestando». Y el niño funciona como los demás esperan que funcione. Y, por último entraña el riesgo de habituación. Se está creando una dinámica inadecuada cuando las cosas habrían sido mucho más sencillas aplicando el refuerzo positivo.

¿Las estrategias de modificación de la conducta son válidas para el niño con TDAH?

Por supuesto. Pensad que las estrategias de modificación de conducta que hemos visto en el taller se basan en el aprendizaje asociativo, un tipo de aprendizaje tan básico que genera cambios en cualquier organismo. Cuando los niños son pequeños solo podemos utilizar este tipo de aprendizaje. A medida que vayan creciendo incorporaremos otras estrategias.

Si hay algo que cuesta al niño con TDAH es postergar la recompensa, por lo que es importante la inmediatez del refuerzo. Empezaremos con estrategias de premio inmediato para poco a poco ir demorando esos premios. Pasaremos después a un estilo de reforzamiento intermitente en el que el niño desconoce si la conducta deseada será o no premiada. Y por último, enlazaremos con la interiorización de la motivación (que hasta ahora ha sido externa) para que sea el propio niño quien se auto-recompense.

¿Cómo podemos modificar el comportamiento de chantaje que utilizan muchos niños entre ellos?

Los niños utilizan el chantaje con sus iguales («si no juegas a esto, no soy tu amigo») porque consiguen lo que buscan y esto actúa como refuerzo. Es difícil corregir esa conducta sin la guía de un adulto. Muchos niños vienen a terapia de grupo, donde un profesional regula esas reacciones, pero el hogar es el primer lugar donde tiene que producirse ese aprendizaje. Es probable que esos chantajes se estén dando en casa de otra manera (por ejemplo, cuando se propone al niño que haga una determinada actividad). Si este es el caso, la extinción es la estrategia de preferencia. Ante el chantaje, no habrá respuesta de ningún tipo. Sabemos que nuestro hijo o hija aumentará su activación, pero seguiremos sin contestar. Cuando haya un cambio de actitud será cuando le daremos las pautas oportunas.

Mi hijo es muy nervioso y molesta al resto de los niños. La profesora me recomienda que cuando empiece a molestar lo saque del parque.

A mi juicio, cuando sacas al niño del parque estás aplicando un castigo negativo ya que le retiras algo que le gusta. No sería, por tanto, la estrategía que elegiría, al menos de entrada. Puedo entender que si el niño está muy nervioso, lo coloquemos en otro contexto para que se tranquilice (lo que llamamos «tiempo fuera»), pero me da la impresión de que no es eso lo que propone su profesora. Indagaría primero por qué el niño se sobreexcita tanto y, dada su corta edad, trataría de poner en práctica todas las estrategias que te permitan reforzar un comportamiento determinado. La herramienta que mejor funciona es el refuerzo positivo (el premio). Plantéale retos asequibles que puedas premiar (por ejemplo, del tipo «cada vez que pasen 5 minutos y no hayas empujado a un amigo, te ganarás una pegatina»). Si el refuerzo positivo falla, intentaremos otro enfoque, pero me extrañaría que no funcionase con un niño de cuatro años. En cualquier caso, el castigo sería siempre la última opción.

No consigo que mi hijo de ocho años permanezca concentrado cuando hacemos los deberes.

Con independencia de la causa por la que tu hijo no se concentra (que habría que analizar), tenemos algunas estrategias para trabajarlo a nivel conductual. El planteamiento siempre es el mismo: no se trata de que el niño aguante una hora sentado, sino de que haga lo que se propone. Hagámosle la pregunta siguiente: ¿Cuánto tiempo puedes estar concentrado? ¿Diez minutos? Bien. Tomaremos esos diez minutos como punto de partida e iremos aumentando progresivamente el tiempo. Ahora serán 15 minutos. Y a los quince minutos habrá una recompensa.

Los padres tememos malcriar al niño utilizando este sistema de recompensas, pero sin estos refuerzos el niño no hará el trabajo. Entraremos entonces en la dinámica del enfado y del castigo que, como sabéis por experiencia, da malos resultados. Reforcemos la consecución de esos pequeños retos. Lo que hoy son 15 minutos, serán 20 minutos la semana que viene. Iremos aumentando los tiempos y también modificando los tipos de refuerzos hasta llegar al verbal y, en última instancia, al auto-refuerzo.

Mi hijo de dos años pega continuamente y no sabemos cómo gestionarlo.

La conducta está muy relacionada con el lenguaje, entre otras cosas porque el lenguaje nos ayuda a regular nuestro comportamiento. Si a tu hijo le está costando hablar necesita apoyo de un profesional que le ayude a arrancar. A medida que mejore su capacidad comunicativa se reducirá esta conducta, pero entretanto hemos de dejarle claro que no conseguirá nada utilizando la violencia. Seamos consecuentes: ¿hemos reforzado esa conducta en casa en algún momento dándole lo que quiere o prestándole atención cuando pega? Probablemente sí. Anticipémonos a ese comportamiento. Muchas veces mamá o papá saben cuando el niño va a pegar. Antes de que lo haga, le tomaremos la mano y la reconduciremos de forma que el acto de pegar se transforme en otro tipo de acción (acariciarse la pierna, por ejemplo). De cualquier forma, estos comportamientos disruptivos suelen desaparecer cuanto se estimula el lenguaje y la comunicación.

Icíar Casado (Psicóloga)


 

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