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Cuando llega la hora de retirar el biberón…

Chupete y biberón son dos útiles accesorios ideados para hacernos la vida un poco más fácil. Sin embargo, al igual que tantas otras cosas, su uso entraña ventajas e inconvenientes.

biberon

El biberón, por ejemplo, es de gran ayuda para las madres que no pueden dar el pecho y simplifica la crianza igualitaria, ya que padres y madres pueden encargarse indistintamente de la alimentación del lactante. También es de utilidad en aquellas ocasiones en las que papá o mamá no están en casa y se ven en la necesidad de delegar la alimentación en una tercera persona. Y es un elemento imprescindible para la mujer que opta por desarrollar una vida profesional fuera del hogar.

El chupete, por su parte, es un excelente aliado para calmar al niño cuando se siente inquieto o está molesto debido a un cólico, la dentición u otra causa.

Los beneficios del chupete y del biberón son innegables y por ello los padres recurrimos con frecuencia a estos accesorios durante los primeros meses de vida de nuestros hijos. Veamos ahora la «espinosa» cuestión de cuándo retirarlos.

Todos conocemos la conveniencia de dejar de utilizar el biberón, pero…

Todos sabemos que, cuando se trata de retirar el chupete o el biberón, más vale pronto que tarde, y algunos autores incluso recomiendan que esa retirada tenga lugar antes de los seis meses de edad. Pese a ello, observamos cada día en consulta que esta recomendación no se cumple. Las circunstancias de cada familia y las características de cada niño son diferentes por lo que puede haber cierto margen temporal pero, en cualquier caso, el uso del chupete o del biberón no debería prolongarse más allá de los 18 o 24 meses.

Y es que, como hemos dicho, no todo son ventajas: el uso prolongado e innecesario de estos elementos repercute negativamente en el niño a todos los niveles. El chupete es un foco de infección y vía de entrada de gérmenes y otros patógenos causantes de caries e infecciones estomacales. Y, al igual que el biberón, puede provocar alteraciones en la morfología y fisiología de los órganos que utilizamos para alimentarnos, pero también para fonar. Cualquier alteración a nivel de labios, dientes, alvéolos, paladar o mandíbula afectará a la alimentación y habla del niño. Logopedas y dentistas infantiles nos encontramos con frecuencia con niños que presentan mordida abierta, mordida cruzada, paladar deformado, alveolos alterados, desarrollo mandibular inadecuado o deglución atípica por esta causa. Ante tanta repercusión negativa es obvio que una retirada a tiempo no aporta más que ventajas.

Así que, ¿cómo y cuándo lo hacemos?

Empezaremos a retirar el biberón paulatinamente, a medida que vayamos introduciendo la alimentación semisólida y sólida. Lo ideal sería hacerlo poco a poco hasta dejar un único biberón que, por lo general, suele ser el de la toma nocturna. A partir de los seis meses podemos empezar a ofrecer una taza al niño. Nuestra intención no es que reemplace al biberón todavía, sino que vaya acostumbrándose a manipularla y la incorpore como parte de la rutina de alimentación. Con el chupete, la retirada será menos paulatina.

calendario

Si el niño ya dispone de la madurez necesaria para entenderlo, una eficaz forma de plantear la retirada es el «método del calendario». Nos sentamos con él y elegimos una fecha del calendario al lado de la cual dibujamos un chupete o un biberón tachados con un aspa y le explicaremos que a partir de ese día no necesitará el chupete porque será un niño mayor. Algunas familias convienen con el niño en regalar el chupete o el biberón a los Reyes Magos o a Papá Noel. Otras optan por entregarlo a un conocido que tiene un niño pequeño… sea lo que sea que propongáis a vuestro hijo, lo comprenderá y estará más que dispuesto a secundaros. Llegado el día señalado, el chupete o el biberón desaparecerá de casa.

Mejor fuera de casa

Quiero insistir en la palabra desaparecer. Si el chupete sigue cerca de nosotros podemos tener un momento de debilidad y caer en la tentación de devolvérselo al niño, si este está malito o hay llantos o lo reclama con insistencia. Si el chupete o el biberón no están en casa evitamos el riesgo de dar un paso atrás en el proceso de retirada.

Por consiguiente, una vez cumplida la fecha, el chupete desaparece y el biberón es reemplazado por la taza. Eso sí: ¡por la más chula que haya en la tienda! Y será nuestro hijo el encargado de seleccionarla. Si el niño es muy pequeño, la taza puede tener algún accesorio que facilite su manipulación, siempre que no sea una tetina blanda, ya que no haríamos más que reemplazar el biberón por otro elemento parecido.

Segundo reto: la retirada nocturna

Superado el primer reto, viene el segundo y más difícil: la retirada del chupete o biberón nocturno.

Principal recomendación: una rutina de sueño bien establecida. Bajar la persiana juntos, cantar una canción, leer un cuento, prepararse para el sueño con un masajito o unas caricias… lo que los padres del mundo vienen haciendo desde hace siglos: ayudar al niño a calmarse, a sentirse tranquilo, querido y protegido. Es cuanto se necesita. A partir de ahí, la retirada del chupete o del biberón será un éxito. Si no lo logramos el primer día o el segundo, lo lograremos el tercero. Muchas veces somos nosotros –los padres– los que creemos que nuestro hijo no será capaz de dejar el biberón y con esa actitud reforzamos involuntariamente el rechazo del niño a intentarlo. Si nosotros lo tenemos claro, también nuestro hijo lo tendrá. Todo es cuestión de adaptación y nadie sabe adaptarse mejor que un niño.

Eva Estrada (Logopeda)

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