La potencia sin control no sirve de nada
Y el esfuerzo indiscriminado, tampoco Hablando hace poco con una madre que había lllegado al fin del curso escolar tan agotada como su hija, recordé el pegadizo eslogan. Explicaba esta madre cómo a lo largo del año había estudiado con la niña cada día. Había preparado materiales, aclarado y tomado lecciones, repasado exámenes («incluso le hacía varias pruebas el día anterior a la evaluación»)
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