Inicio   Psicopedagogía   Lo que sigue a una caída

Lo que sigue a una caída

Adulto con flotador porque está convencido de que no puede aprender a nadar

De una caída a muchas evitaciones

La escena que contamos a continuación no es más que un ejemplo y puede ser sustituida por muchas otras con similares consecuencias.

Marcos está muy contento porque acaba de estrenar su bicicleta. Pedalea con cierta dificultad pera ya le está cogiendo el tranquillo a lo de mantener el equilibrio…hasta que una rueda derrapa y el niño cae al suelo. El golpe le duele y nota un hilillo de sangre, pero sobre todo le asusta el grito de mamá y su gesto cuando lo levanta del suelo. La cosa, por suerte, queda en un susto. Al día siguiente, cuando vuelven al parque, Marcos no quiere llevar la bicicleta. Esta ha quedado asociada a lo ocurrido el día anterior.

El cerebro funciona así. Aprende por asociación. Relaciona situaciones con consecuencias y, cuando detecta algo parecido a lo que en el pasado resultó amenazante, activa la señal de alarma sin pararse en reflexiones. Este aprendizaje rápido tiene gran valor adaptativo: nos permite reaccionar sin perder tiempo analizando los detalles. En contextos de peligro real, esta rapidez de acción puede sacarnos de muchos atolladeros.

Un mecanismo protector que deja de proteger

En ocasiones, sin embargo, este mecanismo protector se dispara más de lo necesario. Si no pierde el miedo inicial, es posible que Marcos no quiera volver a montar en bicicleta. Con el tiempo, tal vez desconfíe de los vehículos de dos ruedas y hasta de cualquier actividad que implique cierto grado de equilibrio. La experiencia inicial se generaliza y el aprendizaje deja de estar delimitado a una situación específica para abarcar otras parecidas.

A esto se añade la interpretación. Los niños no solo sienten miedo o dolor; intentan entender lo que les pasa. Después de la caída, Marcos puede pensar que las bicicletas son peligrosas, pero también que no se le da bien o que es muy torpe. La caída deja de ser un episodio concreto y empieza a formar parte de la imagen que construye sobre sí mismo.

En ese proceso influye lo que ocurre alrededor. Además del golpe, también quedan registradas las reacciones: lo que decimos, el tono utilizado, nuestra expresión, etc.

La reacción de los padres y del entorno

Es comprensible que los padres se asusten si ven a su hijo en peligro. La reacción de protegerle es inmediata. El riesgo está en que ese miedo organice todo lo que viene después. Si la bicicleta desaparece durante semanas o si se transmite la impresión de que era demasiado pronto o demasiado peligroso, el niño no solo recordará la caída. También registrará esos temores.

La tarea del adulto no consiste en restar importancia ni en forzar a que el niño lo intente de nuevo de inmediato. Tampoco se puede convertir la situación en algo excepcional. La función principal es ayudar a que la experiencia quede en lo que fue: un tropiezo dentro de un proceso de aprendizaje.

Algunos niños necesitarán tiempo. Es muy posible que, al principio, solo quieran acercarse y avancen con cautela, incluso a trompicones. Si no hay presión, irán tanteando a su ritmo. La caída sigue siendo posible, pero deja de condicionar cada intento.

Lo que se consolida no es solo el recuerdo del golpe, sino también lo que ocurrió después y cómo se manejó. Este manejo puede suponer la diferencia entre que se instale el miedo o en que la experiencia quede en una anécdota más del aprendizaje.
 

No se admiten comentarios.

Powered by Docxpresso
¿Qué quieres saber?
💬 ¿Necesitas ayuda?
Bla-Bla
Hola 👋
¿En qué podemos ayudarte?
Ten en cuenta que la respuesta puede no ser inmediata si nos llamas a partir de las 20:30. Te responderemos lo antes posible :-)