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Entendiendo el TDAH: cuando falla la concentración

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«Mi hijo no tiene problemas de atención: es capaz de ver una película entera. Si no presta atención es porque no quiere». Esta es una afirmación frecuente entre las familias que acuden a nuestro centro alertadas por los problemas de aprendizaje y el bajo rendimiento escolar de sus hijos.

Dado lo extendido de esta opinión, creo oportuno aclarar algunos aspectos relacionados con el funcionamiento cognitivo de nuestros niños para evitar este tipo de interpretaciones erróneas, a menudo acompañadas de comentarios que generan malestar en el niño, aunque no sea esa nuestra intención.

¿Qué ocurre en nuestro cerebro cuando vemos una película? Lo cierto es que, antes incluso de su visionado, ya sentimos una agradable sensación de expectación ante la idea de disfrutar de una buena película. Y es muy posible que, si somos un poco sibaritas, preparemos unas palomitas o algo de picoteo y nos apoltronemos en nuestro sillón preferido para hacer la experiencia aún más gratificante. Las razones de ese «chute de energía» son múltiples y dependerán de nuestros gustos, intereses y experiencias vitales: tal vez hayamos visto otra película sobre la misma temática que nos haya encantado, o alguien nos haya hablado maravillas de ella, o quizás hayamos leído la novela homónima y queramos comparar versiones, o puede que nos recuerde escenas que hemos vivido o querríamos vivir, o que sintamos curiosidad por los hechos históricos que narra o por saber quién es el asesino. En cualquier caso, nuestra experiencia cinematográfica anterior ha sido muy positiva y esta circunstancia nos incita a repetirla. Estamos, por consiguiente, MOTIVADOS, y la motivación es un mecanismo clave a la hora de iniciar cualquier acción humana.

El control inhibitorio nos echa una mano…

El paso siguiente consiste en focalizar la atención en el televisor, despreciando el resto de los estímulos –ambientales e internos– que coexisten en ese momento. Echamos mano, para ello, de nuestro control inhibitorio. De no realizar esta tarea de filtrado y selección difícilmente podríamos evadirnos del «ruído» que provoca el flujo continuo de información (en forma de estímulos) al que estamos sometidos, y seguir y entender la trama de la película sería un operación verdaderamente ardua. Bien: ya hemos focalizado nuestra atención. Ahora entran en funcionamiento los procesos de atención sostenida que nos permiten mantener el nivel de motivación inicial. Si este nivel decayese, lo más probable es que dejásemos la película a medias.

…Y también los procesos de atención sostenida

Mientras mantenemos la vista fija en el aparato, nuestro cerebro lleva a cabo procesos cognitivos complejos de comprensión verbal y no verbal, ya que la entrada de información se produce a través de los órganos de la visión y el oído. Salvo en personas con déficit de visión o audición, el procesamiento de la información recibida será audiovisual.

Valoración de la experiencia

Concluida la película, nuestro cerebro valorará si la experiencia ha merecido la pena basándose fundamentalmente en las emociones que hemos sentido durante su visionado. Si la experiencia ha sido placentera se producirá, como si de un círculo se tratara, una retroalimentación positiva a través de nuestro sistema de recompensa y tenderemos a repetir el comportamiento que genera esa satisfacción, lo que, si no andamos con tiento, ¡puede llevarnos a ver la temporada completa de una serie de Netflix en una sola tarde!

¿Pero qué hay de la concentración?

Como habréis observado, al describir el proceso de ver una película no he hecho referencia al término «concentración». No obstante, quisiera remarcar este término porque es, probablemente, el principal responsable de que un niño diagnosticado de TDAH (u otro trastorno que afecte a las capacidades ejecutivas), pueda ver una película hasta el final y, sin embargo, pierda el hilo de lo que explica su profesor en un tiempo récord.

Llamamos concentración al complejo proceso cognitivo a través del cual focalizamos voluntariamente nuestra atención sobre un objeto, una actividad o un objetivo, dejando de lado todo aquello que pueden interferir en ese proceso. La concentración tiene por propósito fundamental poder llevar a cabo razonamientos complejos que nos permitan generar aprendizajes. Para ello es imprescindible planificar, organizar y monitorizar nuestro pensamiento haciendo uso de la memoria de trabajo en colaboración con el sistema ejecutivo central.

Aunque la capacidad de concentración está estrechamente vinculada con la atención y se nutre de esta, focalizar y mantener la atención por periodos prolongados sobre un estímulo concreto es un proceso mucho más exigente, ya que intervienen estructuras y funciones de orden superior: las denominadas «funciones ejecutivas». Y es precisamente en las funciones ejecutivas donde estriban las mayores dificultades del niño con TDAH.

El TDAH es un trastorno que compromete la atención (sobre todo si nos referimos a estímulos poco motivadores) pero, por encima de todo, compromete la concentración. Y, en un plano metacognitivo, compromete la motivación por la atención. El niño con TDAH tiene afectados, en mayor o menor medida, los circuitos neuronales de la atención selectiva (que permite focalizarnos sobre un estímulo relevante), de la atención sostenida (que nos permite mantener la atención sobre ese estímulo por un periodo prolongado) y de la atención dividida (que nos permite atender a dos estímulos simultáneos) que constituyen, junto con la motivación y la memoria, los procesos cognitivos básicos con los que trabaja el sistema ejecutivo central, haciendo uso de las funciones ejecutivas a las que hemos hecho referencia anteriormente. Ver una película no exige la intervención de esas funciones de orden superior, por lo que es una tarea a la que un niño con TDAH se enfrenta, por lo general, con relativa facilidad.

Algunas pistas útiles

En cualquier caso, el comportamiento del niño ante la televisión, que tan bien refleja la frase «mi hijo no tiene problemas de atención: es capaz de ver una película entera» debiera aportarnos algunas útiles pistas extrapolables al día a día del niño con TDAH, en particular, en el contexto de aprendizaje académico: la necesidad de utilizar materiales y recursos motivadores y de incorporar medidas compensatorias como puede ser el uso frecuente del lenguaje visual. Si conseguimos generar interés en el niño y mantener un estado de alerta óptimo, la puesta en marcha de los procesos cognitivos superiores será más sencilla y el aprendizaje mucho más eficaz.

Iciar Casado (Psicóloga)


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