Si molestas, reparas
Una contingencia muy útil Cuando era jovencilla, acostumbraba a pasar algunas fiestas en el diminuto pueblo de una amiga. Había una única discoteca bastante cutre a la que acudíamos los adolescentes todos los sábados y, debido al calor, solíamos acabar amontonados en la puerta del establecimiento. A veces olvidábamos la hora y nuestra cháchara molestaba a los vecinos. O se rompía algún vaso. Cuando,
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