
Los terribles pensamientos intrusivos
Una madre baña a su bebé e imagina durante unos segundos que podría ahogarlo. Otra espera para cruzar una calle y piensa: «¿Y si empujo el carrito?». Esa imagen no deseada se repite provocándole tremendo malestar.
Adopten la forma de imágenes, frases o ideas, estos pensamientos intrusivos son, además, egodistónicos: contradicen los deseos, los valores y lo que la madre siente hacia su hijo. Por eso le generan tanto miedo. La idea de hacer daño al bebé le parece aberrante y no entiende cómo ha podido pensar algo así.
Muchas madres tienen pensamientos intrusivos de este tipo en el posparto. Algunos se refieren a accidentes: la posibilidad de que el niño se caiga, deje de respirar mientras duerme o se atragante. En otros, la autora del daño es la propia madre.
Estos segundos asustan mucho más. Es relativamente fácil entender que una madre imagine que su bebé puede caerse. Aceptar la imagen de que ella misma lo tira es mucho más duro. Surge entonces otra asociación: «Si he sido capaz de pensarlo, quizá también sea capaz de hacerlo». La imagen involuntaria se transforma en amenaza.
La madre sabe que no quiere hacer daño a su hijo, pero empieza a desconfiar de esa certeza. Tal vez se pregunte si está preparada para ser madre, si esos pensamientos revelan cosas sobre ella que desconocía o si le ocurre algo que podría llevarla en algún momento a perder el control.
Evitar alivia el miedo
Para reducir ese miedo toma precauciones. No baña al bebé si está sola, evita acercarse con el carrito al borde de la acera o guarda los cuchillos antes de entrar con el niño en la cocina. Estas conductas tienen una consecuencia inmediata: tranquilizan por un tiempo. Y ese alivio hace que repita la evitación y la comprobación.
El pensamiento acaba condicionando el baño, los paseos, la cocina o los momentos en los que la madre se queda sola con su hijo. Pero tener una imagen intrusiva de daño y querer hacer daño son cosas diferentes.
No todos los pensamientos de daño son iguales
Hemos de distinguir estos pensamientos de los que pueden aparecer en una psicosis posparto. En la fobia al impulso y en los síntomas obsesivo-compulsivos, la madre reconoce el pensamiento como propio, lo rechaza y teme la posibilidad de llevarlo a cabo. No hay evidencia de que los pensamientos de carácter egodistónico aumenten el riesgo de hacer daño al bebé.
Tras la frase «he pensado que podía tirar a mi bebé por la ventana» probablemente haya una madre aterrada porque ha imaginado algo que considera intolerable.







