
¿Cuál es la causa?
Son muchas las causas que pueden estar detrás de ese «no» infantil que tantas veces trae de cabeza a los padres.
Hay niños con perfiles más rígidos que dicen «no» ante cualquier cambio o novedad. En otros casos, esta respuesta se ha ido consolidando a través de la experiencia y del aprendizaje, en particular cuando el niño está expuesto con frecuencia a situaciones demandantes que no le resultan especialmente interesantes.
Impulsividad infantil
En nuestra viñeta de hoy, sin embargo, se observa una clara relación con un tipo de respuesta impulsiva, o al menos esta es la perspectiva en la que quiero centrarme.
En este caso, entendemos por impulsividad la aparición de respuestas automáticas que requieren de menor procesamiento mental. Ahora bien, la impulsividad por sí sola no explica por qué esa respuesta es «no» y no «sí». Al fin y al cabo, podría darse la misma impulsividad respondiendo afirmativamente.
Sin embargo, en la vida cotidiana los «noes» ganan por goleada a los «síes».
El motivo está vinculado —como tantos otros comportamientos— con aspectos evolutivos y de funcionalidad. El «no» tiene una enorme capacidad para detener una interacción, mientras que el «sí» implica abrir la puerta a lo que venga después.
Origen funcional del «no» infantil
El «no» cierra posibilidades. Permite ganar tiempo, aplazar una posible demanda y protegernos ante la incertidumbre. Porque siempre existe la posibilidad de que aquello que nos están proponiendo no nos interese o nos exija un esfuerzo que preferiríamos evitar.
Esta tendencia se ve reforzada por la historia de aprendizaje. Muchos niños saben por experiencia que cuando un adulto se dirige a ellos es más probable que haya una demanda que una propuesta —algo que no suele ocurrir entre iguales—.
«Si papá o mamá me llama, seguramente es para que haga algo… y probablemente no sea algo divertido».
Si todo lo anterior, que tiene que ver con la propia naturaleza funcional del «no», se combina además con un estilo de procesamiento impulsivo, esa palabra terminará apareciendo con frecuencia, incluso antes de que papá o mamá hayan terminado la frase.
Responder antes de escuchar
Este fenómeno es particularmente evidente en algunos niños. En perfiles impulsivos observamos la tendencia a responder en función de lo que están haciendo o sintiendo en ese momento y no de la información que reciben, simplemente porque no logran procesarla antes de emitir una respuesta.
De hecho, en ocasiones, si preguntamos unos segundos después qué se les había propuesto exactamente, no son capaces de recordarlo. El «no» apareció antes de comprender la propuesta.
Si en ese momento el niño está entretenido o inmerso en una actividad que le interesa, la intervención del adulto será interpretada como un intento de interrumpir esa actividad.
Entonces, ¿qué implica comprender el origen de ese «no» constante?
Si esa respuesta está vinculada con la impulsividad —y lo sabemos porque el niño se maneja de forma similar en muchas otras situaciones— no tiene sentido preguntarle por qué dice no a todo. Lo más útil suele ser darle tiempo para procesar lo que le proponemos antes de esperar una respuesta.







