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Pautas básicas para una disciplina positiva

Ante las dudas que nos plantean muchas de las familias con las que colaboramos y el hecho de que, como suele decirse, ‘los niños vienen sin manual de instrucciones’, queremos enumerar en el presente artículo una serie de pautas generales de disciplina que faciliten a padres, madres y cuidadores el establecimiento de una relación sana con sus hijos e hijas.

IMG-20160729-WA0021Es posible que el término «disciplina» suscite cierto rechazo ya que se puede asociar a prácticas de crianza aversivas e incluso violentas. Hemos de aclarar, por consiguiente que cuando en el ámbito educativo hablamos de «disciplina positiva» nos referimos al estilo parental que se sitúa entre la permisividad excesiva y el autoritarismo.

Al aplicar la disciplina positiva los cuidadores:

Establecen límites razonables y firmes

Por «límites» nos referimos a las cosas que el niño o niña puede y no puede hacer. Estos límites dependerán de la edad (por ejemplo, esperar que una niña de 3 años permanezca sentada centrada en una tarea durante 45 minutos no es razonable, mientras que sí lo sería para una niña de 9 años) y se deben consensuar y aplicar de igual manera por todos los adultos de la casa. Esto último es fundamental, pues el desacuerdo quita valor y utilidad al límite.

Explican las normas de manera clara

Los límites se articularán por medio de normas. Los niños deben conocer las normas, para lo que se debe emplear un lenguaje adecuado a su edad y ejemplos cotidianos que faciliten su comprensión. Establecer demasiadas normas en casa dificulta su cumplimiento por lo que es mejor priorizar y centrarse en las más importantes.

Favorecen y reconocen explícitamente los logros

Indicar al niño o la niño lo que ha hecho mal es importante pero es incluso más efectivo elogiar lo que ha hecho bien a la hora de fomentar un comportamiento adecuado. Favorecer y celebrar los logros de nuestros hijos, por pequeños que sean, potencia su autoestima y autonomía y les provee de recursos para afrontar las diferentes situaciones.

Aplican consecuencias consistentes a los comportamientos adecuados e inadecuados

Este enunciado se basa en las leyes del aprendizaje. Cualquier comportamiento que vaya seguido de consecuencias positivas (reforzador) tenderá a repetirse en el futuro, ocurriendo lo contrario si las consecuencias son negativas. El mayor reforzador para el niño es la atención de sus figuras de referencia (mamá, papá, abuelos…). Algunos cuidadores favorecen inconscientemente la repetición de comportamientos inadecuados ya que prestan atención al pequeño mientras los está llevando a cabo.

Sirven de modelo de comportamiento

Difícilmente podremos esperar que nuestra hija no diga palabrotas si nosotros las empleamos. Los pequeños aprenden por imitación tanto conductas adecuadas como inadecuadas. Si servimos como modelo a nuestros hijos no será necesario recurrir a castigos o riñas para corregir malos hábitos pues aprenderán la manera correcta de hacerlo observándonos.

Ofrecen opciones entre las que elegir

Por lo general queremos que nuestros hijos e hijas se desarrollen como adultos autónomos, capaces de tomar sus propias decisiones. La forma de fomentar esa autonomía es darles la libertad de elegir ciertas cosas (qué quieren hacer después de los deberes, qué camiseta les gusta más de la tienda, cuál puede ser la mejor manera de construir un coche con lego, qué tarea escolar prefieren hacer primero y cuál después…). Dándoles la posibilidad de elegir fomentamos que desarrollen su propio criterio, que en muchas ocasiones será distinto al nuestro.

Mantienen una actitud calmada y firme

Hay momentos en los que es difícil mantener la calma necesaria para aplicar la disciplina positiva. Un ejemplo típico es aquél en el que nuestro hijo tiene una rabieta en mitad del centro comercial porque no le hemos comprado el juguete que quería. Esta es una buena oportunidad para poner en práctica lo que hemos aprendido: si cedemos a la rabieta, habremos solucionando el problema a corto plazo pero los límites y normas que establecimos habrán perdido parte de su efecto. En su lugar, explicaremos al pequeño, con voz calmada, por qué no le vamos a comprar el juguete. Sabemos que mantener la calma mientras un niño patalea en el centro comercial ante la atención del resto de los compradores es una dura prueba para cualquier padre. Los niños, sin embargo, aprenden rápidamente y, tan pronto son conscientes de que con su comportamiento no conseguirán siquiera la atención de sus padres, dejan de repetirlo. Es importante mostrar nuestro agrado cuando el niño se haya tranquilizado un poco («¿Te encuentras mejor ahora?») y expresarle nuestra empatía diciéndole que comprendemos que pueda estar molesto por no lograr lo que quiere.

Alejandra Ranz (Psicóloga de Psicología y Logopedia Bla-Bla)

 

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