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Disfemia evolutiva: un factor de riesgo que no podemos pasar por alto

¿Qué es la disfemia evolutiva?

Por disfemia evolutiva se entiende una alteración en la fluidez del habla debido a la presencia de repeticiones o bloqueos que se producen generalmente al inicio de la palabra o frase. Su etiología es muy diversa:

  • Falta de sincronización entre la maduración de los órganos fonoarticulatorios implicados en el habla y el lenguaje.
  • Falta de madurez de las funciones ejecutivas, en particular, de los procesos implicados en el acceso a los almacenes de memoria. El niño no encuentra la palabra que quiere decir y durante el proceso de búsqueda repite una determinada palabra o interjección.
  • Falta de madurez del sistema inhibitorio de la respuesta motora. Niños con inquietud motriz y comportamientos impulsivos (especialmente, verborrea) presentan disfluencias con cierta frecuencia.
  • Inmadurez en el desarrollo fonético-fonológico. La falta de control y precisión de los órganos implicados en el habla alteran a menudo el modo y punto de articulación dando lugar a dislalias. El retraso en el área fonético-fonológica, determinado por la presencia de múltiples dislalias, favorece en ocasiones la aparición de disfluencias.

¿Qué diferencia a la disfemia evolutiva de la instaurada?

A grosso modo, podemos distinguir las diferencias siguientes:

evalucion

Aunque la disfemia evolutiva se manifiesta entre los dos años y medio y cinco años, no todos los niños pasan por ello. De hecho, la mayoría de los niños no tartamudea cuando está adquiriendo el lenguaje. Por consiguiente, si observamos este tipo de disfluencias en nuestro hijo, por más que podamos considerarlas evolutivas, porque no se acompañan de las manifestaciones señaladas anteriormente (tensión, tics, bloqueos…), hemos de tratarlas como un factor de riesgo y acudir, por tanto, a un profesional.

Es posible que se produzca una remisión espontánea de esas disfluencias, pero también puede ocurrir lo contrario y que se consoliden con el tiempo. En cualquier caso, el terapeuta se encargará de enseñar a los padres cómo intervenir para que el niño vaya ganando fluidez en el habla y, sobre todo, evitar la aparición de respuestas indeseables como la evitación, el mutismo o la ansiedad ante determinadas situaciones.

Nuestro consejo es claro: ante un disfemia solicitaremos siempre asesoramiento profesional. El terapeuta será quien determine los síntomas principales, así como posibles estímulos desencadenantes y reforzadores de las propias disfluencias. Teniendo en cuenta el desarrollo del niño y otros aspectos relevantes, tales como el estilo comunicativo y los rasgos conductuales, podrá determinar el tipo de intervención más adecuada en cada caso.

¿Qué pueden hacer los padres de manera preventiva?

  • Poner atención a lo que dice el niño y no a cómo lo dice (el contenido por encima de la forma) y mostrar verdadero interés por lo que nos cuenta.
  • Mantener la calma cuando el niño se bloquea.
  • Esperar a que el niño termine de hablar evitando interrupciones y superposiciones.
  • Emplear ante el niño un modelo de habla más relajado y lento, con un contenido más simple tanto semántica como sintácticamente.
  • Evitar preguntas constantes. Es preferible comentar a partir de lo que el niño haga o diga.
  • Formular preguntas de una en una, despacio y sin complejidades innecesarias.
  • No tratar de ayudar en los bloqueos si el niño no nos lo pide (terminando frases o adivinando palabras, por ejemplo).
  • Evitar expresiones del tipo «tranquilo, respira, ya pasará…». Es preferible ignorar la forma y centrarse en el contenido que el niño quiere transmitir.

Si quieres saber más sobre la disfemia, te proponemos la lectura de los artículos siguientes:

Hiperactividad y disfemia

Tartamudez y edad mínima de diagnóstico

Padres culpables

Tartamudez y acoso escolar

Mi hijo tartamudea, ¿debo preocuparme?

 

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