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Acerca de las disfluencias y las señales de alerta

A través de esta serie de vídeos de corta duración, nuestros psicólogos y logopedas tratan de dar respuesta a algunas consultas y preocupaciones que las familias nos plantean con cierta frecuencia. ¡Confiamos en que os sean de ayuda!

 


¿Debo preocuparme si mi hijo empieza a tartamudear?

El lenguaje es una función cognitiva compleja que requiere la maduración de determinadas estructuras cerebrales para que sea posible. Como expresión motora del lenguaje, el habla también necesita de maduración neurológica.

Aunque son muchos los elementos que intervienen en el habla, en esta entrada nos centraremos -para dar respuesta a esta consulta concreta- en los más relevantes para permitir una producción verbal fluida.

¿Qué necesita el niño para hablar con cierta fluidez?

Hemos de hacer referencia a tres elementos principales:

  • Una buena musculatura orofacial que le permita articular y pronunciar todos los fonemas implicados en el habla.
  • Una buena coordinación fono-respiratoria.
  • Un sistema de programación fonológica que le permita ordenar y organizar toda la cadena de sonidos implicada en cada una de las palabras que quiere pronunciar.

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El lenguaje no se desarrolla de forma homogénea. Podríamos decir que lo hace a «trompicones». De repente el niño tiene explosiones lingüísticas. Y en estas explosiones, tampoco el desarrollo de los procesos implicados es uniforme. Nos encontramos con niños en pleno desarrollo lingüístico que todavía no disponen de un buen sistema miofuncional; de una buena musculatura orofacial. Los motivos pueden ser múltiples: malos hábitos (chupete, biberón, succión del dedo), vegetaciones… O es posible que carezcan de una buena coordinación fono-respiratorio o que les cueste organizar la cadena de sonidos. Sea cual sea la causa, aparecen las disfluencias.

¿Pero qué son las disfluencias?

Simplemente interrupciones involuntarias del habla. Puede tratarse de bloqueos, repeticiones o prolongaciones de sonidos. Son muy frecuentes en la franja de edad de 3 a 5 años ya que el niño está en pleno desarrollo lingüístico.

¿Deben ser las disfluencias motivo de preocupación para los padres?

No, en absoluto. Pero sí debemos estar pendientes de algunos signos de alerta, en particular:

  • Aparición de signos de tensión: empezamos a notar en nuestro hijo tensión en el cuello, en la boca o en los ojos u otras señales como una elevación repentina de la voz al hablar.
  • Conductas de evitación o retraimiento: nuestro hijo –que siempre ha sido un parlanchín– se muestra reacio a hablar, da rodeos cuando explica algo o comienza a señalar en lugar de nombrar los objetos.

Ambas señales –tensión y retraimiento– deben alertarnos. No quiere esto decir que nuestro hijo vaya a desarrollar una tartamudez, pero sí indican que el niño es consciente de sus dificultades y está desarrollando comportamientos secundarios compensatorios que nada ayudan a la fluidez del habla, ya se trate de un aumento de la tensión cuando trata de pronunciar determinadas palabras, una aceleración de la respiración o la evitación de situaciones de interacción verbal.

Ante este tipo de señales, mi recomendación es que te pongas en contacto con tu logopeda o psicólogo de referencia y le consultes aquello que te preocupa.

Iciar Casado (Psicóloga)

 

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