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Canal profesionales: las famosas funciones ejecutivas

Breve definición

Entendemos por funciones ejecutivas el conjunto de habilidades cognitivas que nos permiten enfrentarnos a situaciones novedosas o complejas.

Nuestro cerebro tiende a desarrollar patrones de respuesta automatizados ante situaciones que percibe como rutinarias. ¿La razón? Evitarnos esfuerzos cognitivos innecesarios.

No obstante, en situaciones inéditas o complejas (como cuando nos enfrentamos a una tarea por primera vez, por ejemplo) carecemos de un programa preestablecido. En este contexto entran en acción las funciones ejecutivas.

Decimos que las funciones ejecutivas guardan estrecha relación con las conductas autoguiadas, es decir, aquellos comportamientos o acciones dirigidos o regulados por la propia persona y no por factores externos. Esto exige establecer metas, planificar y llevar a cabo acciones basándonos en nuestras elecciones y motivaciones internas, lo que no sería posible sin la intervención de numerosos componentes de las funciones ejecutivas, como la memoria de trabajo, la capacidad inhibitoria, la fluencia, etc., aspectos que abordaremos en vídeos posteriores.

No nacemos con estas capacidades. De hecho, requieren un largo periodo de desarrollo que se corresponde con el proceso de maduración cerebral. Las funciones ejecutivas y, por ende, la corteza prefrontal, no alcanzan su máximo potencial hasta que el individuo cumple los 21-25 años.

Debido a la prolongada fase de maduración, las funciones ejecutivas son susceptibles a cambios. A diferencia de los «periodos sensibles» presentes en otras funciones, como el lenguaje, hablamos de un proceso largo y continuado en el tiempo, muy moldeable por el contexto.

En los primeros años de vida, el desarrollo de la corteza prefrontal está estrechamente vinculado a factores genéticos y a la sinaptogénesis, donde la producción abundante de sinapsis juega un papel fundamental. Sin embargo, a partir de los tres o cuatro años, la importancia recae menos en la cantidad y más en la calidad de las conexiones nerviosas. En este punto, comienzan los procesos de poda sináptica, donde circuitos neuronales previamente activos dejan de funcionar debido a su falta de eficacia.

Es este momento el contexto es especialmente relevante en el desarrollo de las funciones ejecutivas.

Veamos un ejemplo

Nuestro hijo de tres años reacciona con una rabieta, una manifestación de enfado exacerbada porque a nivel ejecutivo carece de la capacidad de gestionar debidamente las emociones. Hablar de funciones ejecutivas es hablar de control: control cognitivo, emocional o conductual. La rabieta es una emoción de enfado sin control. La intervención del adulto favorecerá el desarrollo futuro de una forma de comportamiento u otra.

Si accedemos a la demanda del niño enrabietado y le damos lo que quiere y que provoca la rabieta, potenciamos el circuito «inmaduro» sin que se produzca aprendizaje nuevo. Si el adulto, por el contrario, no accede a la demanda y ayuda al niño a gestionar esa emoción y -cuando este está más calmado-, le ofrece una respuesta alternativa, favorecerá el proceso de poda tan importante para generar nuevos aprendizajes. Dejaremos de reforzar el circuito inicial para reforzar un nuevo circuito que tiene mucho más que ver con la demora de la recompensa y la gestión de las emociones y que será un útil aprendizaje en la vida futuro de nuestro hijo.

 

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