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La logopedia no entiende de edades

Mujer con problemas de comunicación verbal

Recuperarse después de una lesión cerebral

Carmen es abogada. Hace unos años, siendo todavía una mujer relativamente joven, sufrió un accidente cerebrovascular que cambió su vida. La cosa fue grave: los médicos lo definieron como un ictus masivo. Perdió buena parte de su movilidad y tuvo serias dificultades para hablar.

Un suceso así es muy duro para cualquiera, pero cuando el lenguaje también es tu herramienta básica de trabajo, las consecuencias son aún mayores. Carmen sabía lo que quería decir, pero no encontraba las palabras y, cuando lo conseguía, le costaba pronunciarlas.

Desde el primer momento, y pese a las perspectivas muy poco halagüeñas, tuvo muy claro que haría cuanto estuviese en su mano para recuperarse. Tras años de esfuerzo y trabajo continuado con el respaldo de varios profesionales, entre ellos un psicólogo y un logopeda, ha recuperado buena parte de sus capacidades y, aunque actualmente no puede ejercer como abogada, sigue prestando asesoramiento.

Recuperar lo que se ha perdido

Después de un ictus, algunas personas presentan alteraciones del lenguaje que les impiden expresarse o comprender correctamente lo que otros les dicen. En ocasiones, también les resulta difícil articular palabras, controlar la voz o tragar.

La recuperación puede ser larga y sus resultados variables. Hay quienes consiguen recuperar gran parte de las capacidades perdidas y quienes necesitan aprender otras formas de comunicarse para desenvolverse en su vida cotidiana.

Carmen tuvo que volver a aprender muchas cosas que antes hacía sin pensar. E hizo gala de una reseñable fuerza de voluntad. Cuando un ictus, un traumatismo craneoencefálico o una enfermedad neurológica afectan a la comunicación, el logopeda evalúa las dificultades del paciente, identifica las capacidades conservadas y trabaja para recuperar las funciones alteradas o, si la recuperación es limitada, encontrar otras formas de comunicarse.

Los avances no siempre son rápidos ni constantes. Una persona puede dedicar semanas a trabajar una determinada capacidad sin apreciar grandes cambios. La intervención profesional permite establecer objetivos adecuados, valorar los progresos y modificar el tratamiento según su evolución.

Las consecuencias de no poder comunicarse

Durante los primeros meses después del ictus, Nelly pasó de utilizar el lenguaje como herramienta de trabajo a tener dificultades para expresar necesidades cotidianas.

Las alteraciones de la comunicación pueden modificar las relaciones personales. Una conversación familiar que antes se mantenía sin esfuerzo exige ahora paciencia y tiempo. La persona se siente frustrada cuando no consigue que la entiendan y sus familiares, aun con la mejor intención, pueden terminar hablando por ella o anticipándose a sus respuestas.

A veces, quien antes participaba en todas las conversaciones comienza a intervenir cada vez menos. Le cuesta seguir el ritmo, se cansa de repetir lo que quiere decir o se siente incómodo cuando los demás no le entienden. Con el tiempo puede reducir su participación en actividades familiares y sociales, incluso aunque tenga deseos de relacionarse con los demás.

La rehabilitación no puede limitarse a trabajar las capacidades alteradas. Hay que prestar atención a las consecuencias emocionales y sociales de estas dificultades y ayudar a las familias a comunicarse de otra manera.

Una profesión que no tiene edad

Estamos acostumbrados a relacionar la logopedia con los niños que tardan en hablar, tienen dificultades para pronunciar algunos sonidos o necesitan ayuda en el desarrollo del lenguaje.

Sin embargo, la atención logopédica también tiene cabida en la edad adulta, después de un ictus, un traumatismo craneoencefálico o como consecuencia de determinadas enfermedades neurológicas. Otras personas necesitan tratamiento por alteraciones de la voz, el habla o la deglución.

La intervención dependerá de las dificultades de cada persona y de sus posibilidades de recuperación. En algunos casos, el objetivo será recuperar capacidades perdidas. En otros, aprender a utilizar mejor las que conserva o desarrollar recursos que le permitan comunicarse con mayor autonomía.

Comenzar la rehabilitación cuanto antes, siempre que esté indicada y las condiciones clínicas lo permitan, favorece la recuperación. Además, la familia recibe orientación desde las primeras fases —en las que suele sentirse muy perdida— para afrontar las dificultades de la vida cotidiana.

Nuestro servicio de logopedia para adultos

En Psicología y Logopedia BlaBla contamos con un servicio de logopedia dirigido específicamente a personas adultas.

En nuestra web www.logopeda-madrid.es encontrarás información sobre las principales alteraciones que pueden requerir atención logopédica y las posibilidades de intervención.

Carmen ha conseguido recuperar buena parte de sus capacidades y, aunque con limitaciones, puede seguir haciendo lo que le gustaba. No podemos generalizar su evolución a todas las personas que han sufrido un ictus, pero nos muestra la importancia de contar, desde el primer momento, con profesionales que acompañen al paciente en el proceso de recuperación.
 

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