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Sugerencias para mejorar la pronunciación de nuestros hijos

¿Qué son los problemas de pronunciación?

Es frecuente que los niños que empiezan a desarrollar la conversación oral muestren dificultades para pronunciar determinados fonemas, en particular entre los 3-4 años de edad, una etapa en la que el lenguaje se hace más complejo.

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Los sonidos del lenguaje se van adquiriendo, paulatinamente, a edades concretas, en función de la maduración del niño. Sin embargo, los problemas articulatorios pueden dificultar o incluso impedir esas adquisiciones.

¿Por qué se dan esas dificultades?

Son muchos los factores que intervienen en una correcta articulación y algunos de ellos empiezan antes de lo que imaginamos. Un ejemplo ilustrativo es el uso del chupete: a temprana edad es un valioso elemento estimulatorio; ayuda además a conciliar el sueño y puede calmar el llanto… pero su uso prolongado, a edades inadecuadas, puede desencadenar dificultades en la coordinación de labios, lengua, dientes y paladar, alteraciones en la mordida o respiración bucal, que afectan a la correcta pronunciación de los sonidos y, por tanto, al lenguaje oral.

Otro factor importante para la adecuada adquisición del lenguaje es una correcta audición. La audición es la vía de entrada del lenguaje a nuestro cerebro y la alteración de cualquiera de sus variables acústicas puede afectar a la producción de los sonidos del habla. La audición debe ser valorada, siempre que sea necesario, por un otorrinolaringólogo pediátrico o audioprotesista familiarizado con el trato con niños pequeños para que las conclusiones sean fiables.

Una audición correcta no se reduce a obtener unos resultados audiométricos en niveles normativos: también hemos de tener en cuenta los resultados de la timpanometría. La timpanometría no es una prueba de audición propiamente dicha; es una prueba objetiva que mide la función del oído medio. Con frecuencia nos encontramos con niños propensos a la otitis y, por lo tanto, a la producción de exceso de moco. Esta presencia excesiva de moco altera la audición y repercute, por consiguiente, en la articulación. La correcta audición y la funcionalidad del oído medio determinarán la eficacia auditiva del niño.

¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos a mejorar su pronunciación?

Son muchas las cosas que podemos hacer para mejorar la articulación de nuestros hijos pero, sobre todo, hay que procurar que cualquier corrección que hagamos no suene como tal. El adulto debe proponer un modelo adecuado sin forzar la repetición. Entre muchas otras cosas, podéis leer cuentos juntos y hacer que sea vuestro hijo el encargado de pronunciar los sonidos «problemáticos»; cantar canciones; imitar onomatopeyas de animales; animarle a repetir una palabra… pero evitando siempre que las correcciones tengan connotaciones negativas. Si tu hijo no puede repetir una palabra después de dos o tres intentos, vuelve a intentarlo más tarde. Muchas veces creemos que el niño es demasiado «vago» para hablar correctamente y no tenemos en cuenta, por ejemplo, que un tono muscular orofacial insuficientemente competente no permitirá una correcta articulación. Ante la duda, lo mejor es consultar con un logopeda que determine si las dificultades son o no significativas para la edad del niño. No olvidéis que no todos los fonemas se adquieren a la vez, sino de forma gradual en función de la maduración del niño.

En el caso de niños con musculaturas orofaciales hipotónicas es importante que realicen ejercicios de tonificación: son lo que conocemos como praxias labiales, linguales y velares.

Hay muchísimos juegos que nos ayudarán a realizar estos ejercicios: la clave está en echar a volar la imaginación. Por ejemplo, si quiero trabajar el control y la tonificación lingual y a mi hijo le gusta el chocolate, puedo dibujarle unos «bigotes» con crema de cacao que luego se tenga que quitar con la lengua.

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También podemos realizar ejercicios de soplo. Un buen dominio de la función respiratoria facilitará la corrección de algunos defectos de la articulación. Un ejercicio de soplo que suele gustar mucho a los peques es jugar al fútbol con dos pajitas  y una pelota de papel.

No olvidemos que todos los niños cometen errores de pronunciación durante el proceso evolutivo. Se considera que, entre los  cuatro años y medio y los cinco años, el niño es capaz de pronunciar todos los fonemas de forma adecuada a excepción de algunos fricativos y de los vibrantes (s-r), que no se adquieren y consolidan hasta los 6 años. Es importante no exigir al niño que pronuncie correctamente  sonidos para los que no está preparado madurativamente.

No obstante, si tu hijo tiene más de cinco años y no pronuncia bien algún fonema, te aconsejo que acudas al especialista para descartar la presencia de problemas anatómicos o fisiológicos que afecten a su audición o simplemente la incapacidad funcional de reproducir ese fonema.

Paloma García-Rama (Logopeda)


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