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Niños NAS: claves para una crianza feliz

«Mi hijo es demasiado introvertido». Este comentario, que oímos con cierta frecuencia, acarrea en la mayoría de los casos connotaciones negativas. Queremos niños extrovertidos, porque eso es lo que se valora en nuestra cultura; niños sociables, emprendedores, resueltos y sin miedo a actuar.

Un círculo vicioso

Si nuestro hijo no es extrovertido, lo primero que pensamos es que no es normal. El segundo pensamiento es que, si no es normal, tampoco es feliz. Comienzan entonces las preocupaciones. El niño no se comporta como sería socialmente esperable ni como nos gustaría a nosotros, sus padres. No recibe el aplauso social y, más o menos abiertamente, le recriminamos esa falta de iniciativa porque deseamos, por su propio bien, que se relacione más y mejor.

Olvidamos un pequeño detalle: la alta sensibilidad es un rasgo del temperamento -codificado genéticamente- y, por tanto, inmodificable mediante cambios en el entorno. Si tu hijo tiene ese rasgo, percibirá el mundo circundante desde la óptica de un niño altamente sensible y se manifestará como tal, por mucho que te empeñes en que lo haga de otra forma. Lo más probable es que lo único que consigas es sentir malestar.

Piensa, además, que convives con un niño hipersensible, capaz de leer de forma intuitiva los gestos y signos que delatan tu malestar. Esto genera automáticamente desasosiego en el niño. Tu malestar aumenta y, con ello, la frustración de tu hijo que cada vez es más consciente de que no está cumpliendo vuestras expectativas.

Pero nacer con el rasgo de la alta sensibilidad no implica sufrir. Simplemente hay que tener en cuenta las características excepcionales del niño NAS y actuar en consonancia.

REFORZAR LA AUTOESTIMA

¿Qué ocurre con los niños NAS?

El niño NAS es tremendamente crítico consigo mismo y muestra tendencia hacia lo que la psicóloga e investigadora Elaine N. Aron denomina «realismo depresivo», muy vinculado con la autocrítica, el miedo a sobreestimar las propias capacidades, la necesidad de que todo salga perfecto a la primera y la baja tolerancia al error.

Se trata de un mecanismo de defensa: «cuando espero poco de mí, evito mucho» (evito hacerlo mal, llamar la atención, que me pidan cosas…, o dicho de otra forma, evito seguir ampliando el repertorio de estímulos que tanto malestar me produce).

¿Cómo podemos ayudar en casa?

  • Siendo realistas: no subestimes al niño, pero también evita la sobreestimación (lo interpretará como algo negativo). Si tu hijo se subestima, demuéstrale su potencial con hechos concretos («¿Te das cuenta de lo bien que se te da esto?»).
  • Destacando los rasgos positivos de la alta sensibilidad: por regla general, tendemos a subrayar todos los aspectos negativos de cualquier situación («¡Hay que ver, enseguida te molesta todo!», «Eres un exagerado, tampoco hay tanto ruido»). Demos la vuelta a la situación y pongamos de relieve los aspectos positivos («Qué capacidad tienes para detectar el olor. Gracias a ti no se me ha quemado el arroz»).
  • Dedicando tiempo de calidad a nuestros hijos: numerosos estudios relacionan la autoestima del niño con el tiempo de juego con sus padres, en particular, si el juego está pautado por el propio niño.
  • Respetando sus sentimientos: los adultos tendemos a establecer límites y esto no funciona con el niño NAS. Escuchemos a nuestro hijo para saber a qué se debe un determinado comportamiento y sopesemos entonces si es necesario imponer esos límites.
  • Ayudándole a relacionarse con niños no sensibles: el niño NAS está inmerso en un mundo en el que la mayor parte de los niños no son NAS. Y tiene que saber convivir con ellos. Vamos a ayudarle en esa interacción, sabiendo cómo es él y cómo son los demás.
  • Haciendo un ejercicio de escucha activa: a causa de la gran cantidad de información que recibe (exterior e interior), el niño altamente sensible tiene muchas preguntas que hacer y muchas cosas que compartir. En ocasiones no lo hace porque no sabe por dónde empezar. Vamos a escucharle de forma activa y dedicándole tiempo en exclusiva.

REDUCIR EL SENTIMIENTO DE CULPABILIDAD

¿Qué ocurre con los niños NAS?

La culpabilidad es la otra cara de la baja autoestima. Todos podemos sentir culpabilidad en momentos puntuales. Es un sentimiento negativo con una función adaptativa: nos obliga a valorar las consecuencias de nuestros actos. Si no sentimos culpabilidad, es poco probable que reconduzcamos nuestra conducta.

Podemos sentir culpabilidad porque otros nos la haga sentir o de forma espontánea. Esto es lo que le ocurre al niño NAS. No necesitan que nadie le haga sentir culpable para que surja el sentimiento de culpa, lo que repercute en su autoestima. El niño NAS aprende por autocrítica. Con esa visión tan crítica de sí mismo (y la alta sensibilidad afecta a todas las facetas de la personalidad), lo que busca en realidad es prevenir futuros fracasos.

Un estado continuado de culpabilidad genera hostilidad y respuestas de ira. De hecho –tal como expresan muchas familias– es frecuente que sus hijos altamente sensibles estén permanente enfadados. Cuando indagamos, observamos que tras esa ira se esconde un profundo sentimiento de culpa.

¿Cómo podemos ayudar en casa?

  • No dejemos de corregir ciertos comportamientos. Cuando sabemos que nuestro hijo es hipersensible, los padres tendemos a pasar por alto algunas conductas en la creencia de que no hay nada que hacer. Hay que corregir, eso es indudable; la cuestión estriba en el «cómo». Tendremos que poner en juego toda nuestra sensibilidad para que la corrección no surta efectos indeseables.
  • No resaltes lo que esperas. El niño NAS es muy perceptivo y se dará cuenta de nuestras expectativas. Si no puede cumplirlas, lo pasará mal porque, como ya hemos visto, es muy crítico consigo mismo y también perfeccionista. Evita comparar a tu hijo con otros niños.
  • No caigas en las burlas o en las verbalizaciones negativas. Los niños NAS no encajan bien las burlas.
  • Asegúrate de que no se sienta culpable de los problemas familiares. El niño recoge información de aquí y allá, ata cabos y, sin necesidad de que nadie se lo achaque, se siente culpable de cuestiones que nada tienen que ver con él. Indaga este aspecto si tu hijo muestra reacciones de enfado frecuentes.

DISCIPLINA SENSATA

¿Qué ocurre con los niños NAS?

Todo niño necesita orden y previsibilidad; saber lo que es espera de él en cada momento. ¿Pero cómo planteamos la disciplina?

El niño NAS es un interiorizador nato. Por regla general, el niño pequeño incorpora las normas y límites por una motivación externa («Si no lo hago así, papá y mamá se van enfadar»). El niño NAS, en cambio, interioriza esas normas desde una concepción moral: no porque mamá o papá puedan enfadarse (o alegrarse) sino porque le impele a hacerlo un sentimiento moral. ¿Rompe las normas o transgrede los límites, sobre todo en casa? Por supuesto, como todos los niños. Pero cuando lo hace, se siente culpable enseguida.

El castigo no es, por tanto, una herramienta válida con estos niños y menos aún si se acompaña de agresividad verbal. Lo único que conseguiremos con esto es elevar el nivel de activación del niño, generar angustia e impedir que interiorice la información que deseamos. Hay que buscar otras formas de disciplina.

¿Cómo podemos ayudar en casa?

  • Estableciendo normas claras. Estas normas serán más eficaces si se establecen entre todos, es decir, con la intervención de tu hijo. Las expectativas deben ajustarse al niño (a sus rasgos y edad). También es importante que los restantes adultos de referencia conozcan las características del niño y ajusten las expectativas.
  • Planificación y anticipación: el niño agradece la anticipación, sobre todo en momentos de cambio. Los cambios son problemáticos porque se acompañan de nuevos estímulos que le obligan a reestructurar lo que ya había logrado ordenar. Dado que el niño o la niña NAS necesita sentir que lo tiene todo bajo control, una excelente estrategia es introducir los cambios de forma paulatina y anticipándole lo que va a ocurrir a continuación.
  • Analizando los motivos de la transgresión. Cuando el niño se porta mal, analizaremos el porqué, ya que es muy probable que, tras esa transgresión, haya factores que desconocemos relacionados con el rasgo de la alta sensibilidad. Es posible, por ejemplo, que el niño se sienta muy irritado por un ruido de fondo que le resulta ensordecedor o por la gran cantidad de gente que hay a su alrededor…

¿Cómo aplicamos la disciplina?

Los niños NAS necesitan que se les corrijan. ¿Pero cómo?

  1. Teniendo en cuenta su estado de activación y también el nuestro. Si el niño está sobreestimulado es imposible corregir el comportamiento.
  2. Escucha activa. Un niño con alta sensibilidad tiene mucho que decir. Su cabeza está llena de pensamientos, percepciones y miedos que necesita ordenar. Vamos a escucharle y a conectar con él.
  3. Una vez establecida una comunicación tranquila, reafirmaremos nuestros normas y explicaremos las razones de las mismas. Es probable que también el niño nos indique los motivos por los que las ha transgredido. Escuchemos esos motivos.
  4. Valoraremos con el niño si su comportamiento ha provocado consecuencias que hemos de subsanar (pedir perdón a la persona perjudicada o cualquier otro tipo de reparación).
  5. Una vez completado el proceso anterior, definiremos con nuestro hijo qué puede hacer si se repite esa situación. Se trata de un ejercicio de anticipación: «Vamos a pensar qué puedes hacer si te encuentras en esa misma situación en el futuro».

Lo indicado en el apartado anterior sería el proceso estándar para corregir a un niño NAS sin generar tensión. Si esto no es posible, y papá y mamá (que también tienen su propio temperamento), recurren a la disciplina convencional, aconsejamos que las consecuencias sean breves y suaves. Con el niño NAS no funcionan los castigos prolongados en el tiempo, porque la intensidad con que los reciben les abruma de tal manera que no se genera ningún tipo de cambio.

APRENDER A HABLAR DE LA ALTA SENSIBILIDAD

¿Qué ocurre con los niños NAS?

La alta sensibilidad es un rasgo característico de tu hijo o hija que no puedes pasar por alto. Hablemos con nuestros hijos teniendo en cuenta su edad. Tratemos la cuestión del temperamento, ofreciéndoles ejemplos de otras personas NAS (mejor aún si sienten admiración por ellas). Podemos analizar el temperamento de amigos o familiares que nos rodean y a los que queremos. Cuando surja un problema, no nos centremos en el rasgo únicamente, sino en la solución. Un niño NAS se enfrenta a muchos retos a lo largo del día (como la sensación de frío, por ejemplo). No se trata de subrayar que esto se debe al rasgo de la alta sensibilidad, sino de plantear una solución («La próxima vez traeremos dos jerseis, ¿te parece?»). Esto le ayudará a manejar mejor esa situación concreta si vuelve a producirse.

¿Cómo podemos ayudar en casa?

Si el niño se queja mucho, nos mostraremos comprensivos y empáticos y reconduciremos la situación destacando las ventajas de ser altamente sensible.

Nos enfrentamos a un doble desafío: ajustarnos a nuestros hijos, pero sin olvidar que tienen que integrarse en un entorno en el que la mayoría de sus compañeros son «no sensibles». Pensemos en lo siguiente: ¿Cómo hablamos con otros adultos sobre las características de nuestro hijo? ¿Podemos hablarlo con cualquier adulto? Tendremos que valorar primero la mentalidad de esa persona, el tipo de relación que mantiene con nuestro hijo y -algo muy útil- disponer de un buen número de respuestas preparadas, porque si en algo todos somos expertos, es en los prejuicios.

Los padres de niños NAS escuchan a menudo que sus hijos «son muy tímidos» o «excesivamente sensibles» (con connotaciones negativas, en particular, si es varón) y muchos otros comentarios a los debemos responder con respuestas que nos hagan sentirnos a gusto con nosotros mismos y que también nuestros hijos puedan utilizar en determinadas tesituras.

OTRAS FORMAS DE AYUDAR

El niño NAS:

  • es muy consciente de las sutilezas. Vamos a enseñarle, por tanto, a que aprenda a establecer sus propios límites.
  • se sobreexcita con facilidad. Como padres podemos favorecer un área de competencia en la que el niño o niña destaca («Como eres capaz de abarcar tanto estímulo, por sutil que sea, voy a ir dirigiendo tu atención hacia esta competencia concreta»). Esto es importante porque relaja al niño. Es preferible que el área de competencia no implique actividades competitivas, como tiempos o méritos, ya que son agentes estresantes para los niños NAS.
  • experimenta intensas reacciones internas. Le ayudaremos a gestionar esas emociones. No se trata de mirar hacia otro lado o de hacer como que no existen esas reacciones. Vamos a contener primero al niño para que, una vez relajado, podamos hablar de los sentimientos que le han hecho experimentar esa fuerte emoción.
  • es muy empático. Esto hace que, con frecuencia, sus necesidades entren en conflicto con las necesidades del otro. Hay que trabajar este aspecto y enseñarle a decir «no» cuando corresponda.
  • es muy precavido. Vamos a darle la vuelta a esto y hacerle ver lo positivo de ser precavido. Como es muy probable que esto origine una demora en la recompensa, le ayudaremos generando situaciones de éxito intermedias hasta alcanzar lo que tanto esfuerzo le cuesta.
  • atrae la atención de los demás. Cualquier niño que muestra un rasgo poco frecuente llama la atención. Los padres tenemos que examinar nuestra propia actitud hacia este rasgo y cómo lo tratamos en relación con nuestro hijo y también con los demás.

Entonces…

Os animo a que dediquéis unos instantes a reflexionar si lo que detectamos como problemas en nuestro hijo o hija dependen de las características del niño o tienen que ver con el entorno, porque si tienen que ver con el entorno, sabemos dónde hay que empezar a actuar.


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