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LogoZoo: juego y rastreo visual

Quiero mostraros la imagen de un divertido zoo.
A ver, a ver…me fijo bien…¡Ya está! ¡He visto una iguana! ¿Eres capaz de encontrarla?
Cuando la localices, busca otro animal, objeto o personaje que te guste ¡y pídele a tu compañero que lo encuentre!

 

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Para entender el mundo que nos rodea y poder adaptarnos y interrelacionarnos de forma eficaz con nuestro entorno recurrimos a los procesos cognitivos básicos. Por su aparente simpleza podríamos considerarlos poco relevantes, pero sin ellos no serían posibles los procesos superiores relacionados con la elaboración del pensamiento o el razonamiento. Pensemos, por ejemplo, en un mecanismo como el rastreo visual de una serie de estímulos, es decir, en la capacidad de observar de forma minuciosa un conjunto de estímulos simultáneos extrayendo o reaccionando a la información que recibimos según nuestras necesidades o demandas. Para ello, hemos de ser capaces de focalizar nuestra atención en un contexto o entorno determinado y seleccionar, entre una miríada de estímulos, uno concreto que responda a las características específicas que buscamos.

Para ilustrar lo anterior veamos lo que ocurre cuando acudimos el súper para comprar, por ejemplo, un «capricho» para nuestros hijos. Nuestra atención se dirige al expositor de las galletas. Pero esto no basta: no queremos cualquier galleta. Así que una vez localizado ese expositor, buscamos el estante de las galletas de chocolate con pepitas blancas, que son las preferidas de Lucas o de María. Esta habilidad que nos parece tan simple no tiene, en realidad, nada de sencilla. Además de focalizar nuestra atención en el contexto adecuado, exige que inhibamos la presencia de estímulos distractores –los distintos tipos de galletas– y dispongamos de las habilidades perceptivas necesarias para diferenciar entre figuras con formas parecidas y comparar esa información, para reconocer lo que buscamos, con los conocimientos almacenados como resultado de experiencias anteriores. E incluso –y esto ya es para nota– podemos poner en práctica alguna estrategia que nos permita rastrear de manera organizada. Porque, si no queremos malgastar toda la tarde en el súper, nos resultará mucho más práctico ojear los estantes siguiendo un orden –de arriba a abajo, por ejemplo–, que dando saltos de un lado a otro.

Dada la importancia del rastreo visual, es aconsejable estimular esta capacidad en el niño como medio de prevenir dificultades atencionales o problemas de aprendizaje en materias como las matemáticas o la lectoescritura. Y la mejor forma de hacerlo es a través del juego. Mi recomendación es comenzar en un contexto controlado y divertido, como puede ser un cuento o una imagen, para pasar después al entorno cotidiano. Cualquier lugar o situación puede servirnos: cuando nuestro hijo nos acompaña a hacer la compra, mientras juega en el parque e incluso como divertido entretenimiento durante los tediosos viajes en coche hacia nuestro destino vacacional.

La ilustración antes propuesta es una eficaz y divertida manera de entrenar el rastreo visual. ¡Os animo a comprobarlo participando en familia!

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