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El uso del chupete y la producción del lenguaje

El empleo del chupete es una práctica universal y su origen (en forma de muñequilla de tela empapada en agua) se remonta a las primeras civilizaciones, como lo demuestran los restos encontrados en tumbas romanas que datan del año 1.000 d.C. Sin embargo, a pesar de su larga historia y popularidad, el chupete sigue teniendo defensores y detractores.

Para los padres, el chupete es un práctico aliado que mantiene al niño tranquilo, le ayuda a dormir y evita que se lleve los dedos a la boca. Por otra parte, algunos estudios parecen indicar que el chupete mejora los patrones de succión de niños prematuros y fortalece la musculatura que posteriormente intervendrá en la fonación, e incluso que su uso reduciría el riesgo de síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL), si bien esta área de investigación es excesivamente reciente como para considerar los resultados concluyentes.

Sin embargo, son muchos los profesionales que alertan de las desventajas del chupete, la mayoría de ellas relacionadas con el correcto desarrollo del habla. La propia Organización Mundial de la Salud alega que el uso del chupete reduce la duración de la lactancia materna, actuando en detrimento del bienestar del niño.

El uso prolongado del chupete (más allá de los primeros meses de vida del niño) no está exento de problemas:

  • Además de las posibles infecciones estomacales y bucales, también se verifica un aumento de las infecciones del oído medio (otitis) debido a que el movimiento de succión abre la trompa de Eustaquio, que conecta el oído medio con la nariz, permitiendo el acceso de patógenos.
  • Policaries: la utilización prolongada del chupete (y del biberón) se relaciona con la presencia de caries en la dentición provisional y una mala implantación dentaria.
  • Deglución atípica y respiración bucal: el niño que acostumbra a utilizar chupete hasta una edad avanzada (más allá de los dos años) automatiza un movimiento lingual consistente en adelantar la lengua hacia la zona interdental o bien presionarla directamente contra los dientes superiores sin llegar a cerrar la boca del todo. Esta posición de la lengua, si persiste en el tiempo, es causa frecuente de deglución atípica, respiración bucal y deformación del paladar (elevado u ojival).
  • Aparición de mordida abierta y cruzada: cuando el niño presiona con fuerza los dientes de la arcada superior cada vez que quiere deglutir, adelanta los dientes hacia delante deformando su mordida. Su falta de habilidad lingual produce un exceso de tensión sobre músculos que no deberían intervenir en el proceso de deglución ocasionando contracturas musculares. La mordida abierta provoca dificultades articulatorias, en particular, de aquellos fonemas que requieren que la lengua se apoye sobre los dientes.
  • Dislalias: el uso del chupete está estrechamente relacionado con la aparición de sigmatismo interdental (ceceo): la punta de la lengua se introduce entre los incisivos y el niño sustituye los sonidos silabeantes (/s/) por sonidos interdentales (/z/).
  • Reducción del balbuceo y de la experimentación con los sonidos: mientras el niño mantiene el chupete en la boca es menos probable que trate de imitar los sonidos de los adultos o de experimentar con sus propios sonidos, elementos fundamentales del proceso de adquisición del lenguaje.

A pesar de la comodidad que el chupete representa para los padres, mi recomendación es la de no prolongar su uso más allá de los seis meses dadas sus muchas desventajas, que no hacen sino aumentar con el paso del tiempo. Son muchas las razones que aconsejan retirar el chupete antes del año de edad, en particular, durante el día o cuando el niño interactúa con sus iguales o con los adultos.


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