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Ya no temo a las pesadillas

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En el desempeño de nuestra actividad como psicoterapeutas hemos tenido ocasión de comprobar hasta qué punto los miedos nocturnos son algo habitual entre los alumnos que cursan educación infantil y cómo, en muchas ocasiones, el temor ante la llegada de la noche hace de estas últimas horas del día una experiencia poco agradable para todos los miembros de la familia.

El periodo de 3 a 5 años una etapa del desarrollo infantil caracterizada por una imaginación desbordante que se va estructurando progresivamente a medida que el niño acumula vivencias. Es esa imaginación la que le ayuda a interpretar y comprender el mundo que le rodea a partir de los conocimientos todavía limitados que posee y la que le permitirá enfrentarse con éxito al reto del aprendizaje.

La fantasía surge espontáneamente en el niño y lo hace con tal intensidad, plasticidad y riqueza de detalle que difumina los límites entre realidad y ficción: los monstruos, los fantasmas, las brujas y otros seres imaginarios comienzan a ganar protagonismo en su vida diurna y, con frecuencia, también en su sueño —en particular, si algo le inquieta, excita o angustia—. Los miedos nocturnos, que en realidad no son más que una manifestación natural del proceso evolutivo, se convierten en un motivo de preocupación para el niño, que recurrirá a toda las excusas posibles para demorar el momento de irse a la cama.

El miedo es, sin embargo, una emoción básica y universal a la que debemos, en gran medida, nuestra supervivencia. Como fiel escudero, nos acompaña a lo largo de nuestra vida cumpliendo una función adaptativa fundamental: ayudarnos a reconocer el peligro y prepararnos para afrontarlo. Su misión es, por tanto, la de protegernos, no la de condicionar negativamente nuestra conducta. Ese es el mensaje que debemos transmitir a nuestros hijos: no se trata de evitar aquello que nos produce miedo sino de aprender a superarlo.

Esta es la razón que nos ha llevado a crear a Tití, el divertido protagonista de este cuento que, con un texto sencillo y fácilmente comprensible, nos introduce en el mundo de los sueños infantiles ayudando a los padres a compartir y afrontar, con humor, creatividad y fantasía, ese momento de “temor” de nuestros hijos —para que el final de un largo día lleno de emociones sea el principio de una gran historia y, además, tremendamente divertida.

Dicho esto, ¡solo me queda desearos felices sueños!

Iciar Casado Fernández, Psicóloga

 

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