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Sistemas de retención infantil: siempre seguros, también en el coche

Desde el mismo momento en el que nace, la seguridad de nuestro hijo se convierte en nuestra prioridad número uno: vigilamos su sueño evitando que duerma boca abajo; retiramos todos los pequeños objetos que pueda llevarse a la boca para prevenir el riesgo de ahogamiento; introducimos progresivamente los alimentos por si mostrase signos de alergia; cuidamos de que no se golpee con las esquinas cuando da sus primeros pasos tambaleantes… Pero no siempre otorgamos a la seguridad de nuestros hijos, durante los desplazamientos en coche, la importancia que merece.

Debido a que el cuerpo del niño todavía está en formación y sus órganos y estructura anatómica aún son frágiles y maleables, las lesiones resultantes de un accidente de tráfico pueden ser muy graves, incluso en caso de colisión leve o de simple frenada en seco. Tengamos en cuenta, además, que cuanto más pequeño es el niño, menor es la fuerza requerida para provocar daños. Hasta los dos años de edad, debido a las dimensiones desproporcionadas de la cabeza y a la inconsistencia de la columna vertebral, las lesiones cervicales son las más frecuentes. Entre los 2 y 4 años, las lesiones se concentran principalmente en la zona de la cabeza porque las vértebras no soportan la desaceleración súbida que acompaña a una colisión frontal. Y entre los 4 y 10 años aumenta la incidencia de traumatismo abdominal porque los órganos no están todavía firmemente anclados a la estructura muscular.

¿Cómo debe viajar el niño?

La ley establece que los menores de edad cuya altura no supere los 135 cm deben utilizar, cuando se desplacen en coche, un sistema de retención infantil o silla homologada que se adecúe a su estatura y peso. Además viajarán en los asientos traseros del vehículo, excepto si concurre cualquiera de las situaciones siguientes: que estén ocupados por otros menores (con alturas inferiores a 135 cm), que el tamaño de la silla o el tipo de cinturón de seguridad impida la instalación trasera del sistema de retención o que el vehículo solo tenga dos plazas. En estos casos el menor viajará en el asiento del copiloto con su correspondiente silla. Recordemos que si el coche está equipado con airbag frontal y la silla se coloca en sentido contrario a la marcha, es imperativo desactivarlo. Aunque la ley no obliga a ello, es recomendable que el niño siga viajando en las plazas traseras hasta alcanzar los 150 cm de altura.

El incumplimiento de esta ley –ya sea porque el niño viaja sin silla o porque utiliza un dispositivo de retención no homologado o inadecuado– se considera una infracción grave sancionable con multa de hasta 200 euros y pérdida de tres punto del carnet de conducir, con la posibilidad de que el vehículo sea inmovilizado. Sin embargo, garantizar la seguridad de nuestros hijos debe ser para todos nosotros un argumento bastante más disuasorio que cualquier ley.

¿En qué consisten los sistemas de retención infantil?

Los sistemas de retención infantil (S.R.I.) o sistemas de seguridad infantil (ya sean capazos, sillas o elevadores) son dispositivos homologados que permiten que niños con una altura inferior a 135 cm viajen seguros.

Los accidentes de tráfico son una de las principales causas de mortalidad infantil en los países desarrollados. Los S.R.I. reducen en un 70 % las muertes por accidente de circulación, y en un 90 % las lesiones. Pero para ello es imprescindible que se adapten tanto al peso y altura del niño como a los asientos de nuestro coche.

Todo desplazamiento entraña un riesgo. Que un trayecto sea corto no significa que sea más seguro. Según datos de la Fundación Mapfre, el 65% de las lesiones graves y el 65% de las lesiones leves por accidente de tráfico en la población infantil se produjeron en 2016 en vías urbanas, en particular en los desplazamientos entre casa y el centro escolar. A la vista de estas cifras, la conclusión es clara: el dispositivo de retención infantil es imprescindible en todo trayecto.

¿Qué grupos de sistemas de retención infantil existen?

Los actuales sistemas de retención infantil se basan en el peso del niño, aunque es previsible que en un futuro sea la estatura la que establezca la conveniencia de utilizar un modelo u otro. En cualquier caso, hemos de tener en cuenta una norma básica: si la cabeza del niño sobresale por encima del respaldo de la silla, hemos de remplazarla por un modelo del siguiente grupo, aunque por peso le corresponda la anterior.

  • Grupo 0 y 0+. Hasta 13 kg de peso (18 meses aprox.). Este sistema, que emplea un arnés de 5 puntos para sujetar al niño, se coloca en sentido contrario a la marcha. Solo se instalará en el asiento del copiloto si concurre cualquiera de los tres supuestos a los que hemos hecho referencia anteriormente y, en ese caso, se desactivará siempre el airbag frontal. Los capazos también pertenecen a este grupo. Salvo circunstancias excepcionales (bebés prematuros o con dificultades respiratorias) no se recomienda su utilización por la escasa protección que ofrecen: en caso de colisión, la cabeza del niño golpea contra las paredes y el arnés de seguridad comprime el tórax y el abdomen bruscamente. Si aún así se opta por este sistema, debe instalarse en el asiento trasero, en posición transversal a la dirección de la marcha y con la cabeza del niño orientada hacia la zona central del coche.
  • Grupo 1. De 9 a 18 kg (1 a 4 años aprox.). Estas sillas infantiles se fijan al asiento del coche con el propio cinturón de seguridad o el sistema Isofix, si se dispone del mismo. Al igual que en los grupos 0 y 0+, los niños se sujetan con un arnés de 5 puntos. Los ensayos demuestran que la silla infantil instalada en sentido contrario a la marcha puede reducir hasta cinco veces el riesgo de lesiones graves ya que al descansar la columna vertebral sobre el respaldo del asiento, el efecto de las fuerzas provocadas por la deceleración sobre cuello, columna y órganos internos es mucho menor. Se aconseja el uso de sillas montadas a contramarcha hasta los dos años como mínimo.
  • Grupo 2 y 3. De 15 a 36 kg (4 a 12 años aprox.). Son los llamados elevadores. Pueden tener o no respaldo; es preferible que lo tengan, porque ofrecen mayor protección. Los niños emplean el cinturón de seguridad del coche. La banda superior debe pasar por el hombro (sin elevarse sobre el cuello o aproximarse al mentón) y la banda horizontal recorrerá las caderas y muslos. El uso del elevador es obligatorio hasta que el niño alcance los 135 cm como mínimo, si bien la recomendación de los organismos de seguridad vial es que se mantenga el sistema de retención infantil hasta que alcance los 150 cm de altura.

La eficacia de las campañas de concienciación es indudable y la incorporación de los R.S.I. (al igual que el uso del cinturón de seguridad entre los adultos) es una práctica generalizada. Sin embargo, quedan algunas asignaturas pendientes:

  • Montaje incorrecto del sistema: errores de montaje por desconocimiento de las instrucciones del fabricante o porque el modelo no se corresponde con las características de los asientos del coche (la silla se mueve).
  • Posición incorrecta de los arneses: arneses holgados, doblados, excesivamente altos, colocados por detrás de la espalda o bajo el brazo del niño o mal anclados.
  • Orientación incorrecta de la silla infantil: sillas montadas en la dirección de marcha del vehículo cuando deberían ir a contramarcha o viceversa.
  • Sistema no adaptado a las dimensiones del niño: el modelo elegido no se ajusta al peso o a la altura del niño.
  • Niño mal posicionado: el niño no mantiene una posición corporal correcta, bien porque la silla no se ajusta a su tamaño, bien porque queda holgura entre los arneses y el cuerpo o porque se ha liberado de alguno de ellos. El peligroso efecto submarining, que provoca el hundimiento del cuerpo haciendo que el arnés inferior presione el abdomen en lugar de las crestas ilíacas es resultado de una deficiente colocación.

El mal uso del R.S.I. por cualquiera de las razones indicadas reduce el nivel de protección e incluso incrementa la gravedad de las lesiones. La razón es que un arnés debidamente ajustado y bloqueado distribuye las fuerzas del impacto de forma uniforme, mientras que un arnés mal colocado concentra esas fuerzas en puntos concretos del cuerpo del niño, elevando el riesgo de lesión en esas zonas. Dedicar unos minutos, antes de cualquier viaje, a verificar la corrección de los elementos indicados es garantía de seguridad. Y cuando se trata de seguridad infantil, toda precaución es poca.

Uxue Montero

 

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