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Protocolo de intervención: la importancia de reforzar el papel de los padres

Tradicionalmente, la intervención infantil se ha centrado en el niño como entidad autónoma. El niño visita el gabinete acompañado por sus padres, y una vez recopilada la información pertinente, realizadas las oportunas valoraciones, establecido el diagnóstico y elaborado el plan de intervención, acude a terapia en los días convenidos. El profesional comunica a los padres lo que se ha trabajado en el curso de cada sesión y, si lo considera apropiado, propone actividades de refuerzo para realizar en casa. Periódicamente elabora informes en los que detalla la evolución del niño y mantiene reuniones regulares con la familia para resolver sus dudas o proponerles alguna modificación en la terapia. En este escenario, la familia asume un papel pasivo y su función se reduce, esencialmente, a la de ser informada.

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Una consecuencia de este enfoque es que los padres delegan en el profesional –sea este el psicólogo o el logopeda– la responsabilidad sobre los cambios que esperan de su hijo. Y confían en que los avances que se producen en el gabinete se trasladen pronto a la vida diaria del niño. La cuestión es que, salvo casos excepcionales, el tiempo de terapia es limitado y el gabinete no es el entorno natural del niño, aquel en el que se desenvuelve gran parte del día. El niño alterna entre dos ámbitos –casa y gabinete– estancos o con poca interrelación, por lo que, una vez concluida la sesión y el posterior intercambio verbal de información que tiene lugar cuando la familia recoge al niño, los aspectos trabajados permanecen «a la espera» hasta la visita siguiente.

Un simple vistazo al proceso resumido en los párrafos anteriores evidencia el papel marginal que se otorga a la familia en el proceso terapéutico. Y un planteamiento terapéutico que no contempla la participación proactiva de la familia es un planteamiento incompleto. Necesitamos potenciar la implicación en la terapia de quienes conviven con el niño. Los padres, en particular, como figuras de referencia del niño, están en una posición privilegiada para consolidar de forma natural los aprendizajes y logros de sus hijos durante el valioso tiempo que comparten con ellos. Y si además son padres informados y formados se sienten mucho más seguros para intervenir en ese proceso, porque entienden mejor a su hijo o hija; aprecian que le están ayudando y han despejado de antemano cualquier duda o reticencia sobre la eficacia del tratamiento, su duración o los resultados que pueden esperar.

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¿Cómo favorecemos la implicación de las familias?

La intervención comienza con la valoración del niño y la posterior entrevista de devolución en la que se explica a los padres los resultados obtenidos por su hijo en las diferentes pruebas, se aporta información básica sobre el diagnóstico, se aclaran las dudas planteadas y se explica a la familia en qué consistirá el proceso terapéutico.

Las primeras sesiones –cuyo número varía en función la complejidad del diagnóstico y de las necesidades de cada familia– se dedican a formar a las padres acerca de las características del diagnóstico de su hijo. Necesitamos que los padres entiendan las causas de las dificultades del niño, los factores que pueden estar reforzando esas dificultades, el pronóstico, las posibles complicaciones y –de particular relevancia–, con qué herramientas cuentan para ayudar a su hijo de manera eficaz.

Como centro gestionado por un equipo multidisciplinar, el psicólogo o logopeda que trabajará con el niño no tiene por qué ser la misma persona que realiza la valoración, sino el profesional idóneo en función de la edad, características y dificultades del paciente. Este terapeuta mantendrá una sesión de familiarización con el niño y preparará los objetivos de trabajo preliminares a partir del diagnóstico y de sus propias observaciones.

Comunicará y explicará entonces la propuesta terapéutica a la familia dejando espacio a los padres para que aporten su opinión sobre aspectos tales como el establecimiento de jerarquías de objetivos, la viabilidad o inviabilidad de trabajar en casa determinados objetivos, la identificación de objetivos para los que la familia se siente preparada o, por el contrario, considera excesivamente complicados, etc. El profesional orientará y guiará a los padres a lo largo de todo el proceso, pero el plan terapéutico se adaptará, con la aportación de aquellos, a las características, necesidades y dificultades concretas de la familia.

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Un elemento importante de este protocolo es que los objetivos de trabajo incluyen una magnitud cuantitativa. El terapeuta establece un marco temporal (sujeto a cierta flexibilidad) para la consecución de cada hito concreto. Este enfoque ofrece varias ventajas: el niño está sujeto a evaluación continua, es posible apreciar sus avances de forma más objetiva, se identifica la resistencia al cambio con mayor eficacia y las familias disponen de un punto de referencia para valorar esos logros, en particular, en intervenciones largas en las que los avances no siempre son fácilmente observables.

Pero el principal mérito de este enfoque es que los padres saben y entienden lo que el terapeuta está trabajando con el niño en cada momento y pueden aprovechar el tiempo que comparten con su hijo para seguir consolidando de forma natural esos logros. Como padres y madres bien informados se sienten empoderados para acompañar al menor en el proceso terapéutico, con la confianza de contar con una hoja de ruta detallada y disponer de las estrategias necesarias para afrontar los desafíos diarios; con la tranquilidad de saber lo que hacen y por qué lo hacen sin necesidad de tener que esperar a la visita semanal con el profesional para plantearle sus dudas, saber si han actuado adecuadamente ante determinada situación o recibir información dosificada al término de la sesión. Cuando, cada semana, un padre o madre dejan a su hijo en manos de su logopeda o psicólogo saben de antemano lo que este hará, cómo lo hará y qué puede esperar. Y saben lo mucho que han aportado para que los cambios experimentados por su hijo sean verdaderamente significativos y se reflejen en todos los ámbitos de su vida.

Iciar Casado (Psicóloga)

 

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