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Preguntas frecuentes sobre el TEL

Mi niño habla como si fuera más pequeño, ¿tiene TEL?

El habla infantilizada puede deberse a muchas razones y normalmente se corresponde con un retraso del lenguaje.  Para poder hablar de un TEL deben estar alterados todos los componentes del lenguaje y no sólo el fonológico.

¿Podrá mi hijo con TEL desenvolverse de forma adecuada el día de mañana?

Las personas con TEL presentan dificultades en el lenguaje que, tratadas de forma adecuada, mejoran notablemente. Es importante promover las habilidades en las que son más diestras para que se desarrollen plenamente.

¿Puede mi hijo con 4 años tener TEL?

Sí. Hasta hace poco tiempo se tendía a esperar hasta los 5 o 6 años para hacer el diagnóstico. Pero cada vez son más los autores que recomiendan realizar un diagnóstico precoz en los casos muy evidentes para poder empezar el tratamiento lo antes posible y con el prisma terapéutico adecuado.

Cuando observan un retraso en el desarrollo del lenguaje de su hijo, algunos padres optar por esperar a que las cosas se normalicen con el paso del tiempo, aconsejados en ocasiones por el pediatra o por el profesor del niño. Ciertamente, en un porcentaje de niños, esos problemas remitirán espontáneamente, pero no ocurrirá así en todos. Entretanto habremos perdido un tiempo valioso, ya que la eficacia de una intervención es mayor cuando antes se inicia. No tiene demasiado sentido esperar a que las dificultades se afiancen. Debidamente asesorados, los propios padres pueden poner en práctica estrategias que estimularán notablemente la capacidad de comunicación de sus hijos.

¿Por qué ocurre el TEL?

Las causas todavía se desconocen aunque recientes investigaciones apuntan hacia algunas alteraciones a nivel cortical.

Si a mi hijo le cuesta articular algunos sonidos, ¿tiene TEL?

No. Las dificultades articulatorias o ‎dislalias, ya sean simples o múltiples, suelen tener su origen en alteraciones morfológicas o fisiológicas del aparato bucofonador y/o auditivo. El TEL presenta alteraciones a otros niveles, no sólo fonológico.

¿Tiene dificultades cognitivas el niño con TEL?

No. Aunque las capacidades lingüísticas estén mermadas, las cognitivas están preservadas. El niño es inteligente aunque presente dificultades de comprensión y expresión. Los problemas escolares comienzan cuando el aprendizaje exige conocer un código lingüístico que ellos no controlan. Por eso es tan importante iniciar la intervención en cuanto se sospeche la existencia de este trastorno y, si es posible, antes de que inicie el aprendizaje de la lecto-escritura.

¿Puede afectar el TEL al aprendizaje?

Sí. Dependiendo de la tipología, el TEL se caracteriza por la alteración del lenguaje en sus dos vertientes: comprensiva y expresiva. El niño puede tener dificultades para expresar lo que quiere decir pero también para comprender lo que escucha, en particular, si se trata de frases largas y de cierta complejidad. La interacción verbal con los padres es parte fundamental de la estimulación del niño durante los primeros años de vida. Ese intercambio será el que le permitirá desarrollar el lenguaje como herramienta de comunicación con los demás y como instrumento para acceder a aprendizajes cada vez más complejos. Sin embargo, debido a su trastorno, esa interacción será mínima o estará distorsionada. Por otra parte, el lenguaje escrito es el medio que le permitirá acceder a otros aprendizajes, en particular, en el entorno académico. Las dificultades del niño con TEL se reflejaran en la adquisición de la lectoescritura y en su capacidad lectora.

¿Cuándo, cómo, por qué?

Cuando un niño pequeño muestra conductas poco frecuentes como escaso contacto visual, marcha de puntillas, dificultad en el desarrollo de la comunicación y el lenguaje, intereses particulares, etc. puede ser diagnosticado de Retraso Madurativo o Trastorno del Espectro Autista (TEA). Más allá de la etiqueta diagnóstica que se adjudique al pequeño, lo verdaderamente importante es la necesidad de intervención terapéutica temprana y asesoramiento familiar. Los padres de estos niños se sienten, con frecuencia, incomprendidos; deben superar el difícil proceso de asimilación de la noticia y, además, deben ponerse en marcha e introducir cambios en sus rutinas para poder ayudar a su hijo. Por ello, los profesionales que trabajamos con el pequeño también tenemos el deber de formar y acompañar a las familias en esos momentos difícile.

¿Cuándo empezar la intervención?

La intervención se asienta sobre dos puntales: formación y acompañamiento de la familia e intervención precoz e inmediata del niño. Cuando antes mejor. Los primeros años de vida son clave ya que nuestro cerebro aprende como jamás volverá a hacerlo. En edades tempranas aprendemos a caminar, a comer, a relacionarnos con el entorno, a comunicarnos con los demás… Estos chavales se relacionan con el mundo de forma diferente a como lo hace el niño normotípico y, por ello, deben recibir una atención eficaz y adaptada a su forma de aprender.

¿Con qué frecuencia necesita sesiones de terapia?

El niño con TEL necesita recibir el mismo estímulo con mucha más asiduidad que el niño normotípico para interiorizarlo y además debemos adaptar ese estímulo a su forma de aprender. Lo ideal sería que recibiese el mayor número de horas de terapia que fuese posible. En este caso, sí podemos decir que «cuanto más, mejor». La terapia intensiva ABA de 40 horas semanales, por ejemplo, cosecha éxitos documentados. Lamentablemente no son muchas las familias que pueden permitirse este tipo de terapias ya sea por motivos económicos, de organización u otras circunstancias. Aquí es donde estriba la importancia de la labor coordinada entre familia y centro, ya que cuantas más veces repitamos los mismos estímulos a lo largo de la jornada, mayor será el avance del niño.

¿Dónde hacer terapia?

El éxito de la terapia radica en su generalización, es decir, en que el niño sea capaz de aplicar los aprendizajes adquiridos en las sesiones de terapia en todos los entornos en los que se desenvuelve. Es fantástico que mire a su mamá a los ojos durante la sesión, pero si no logramos que mire a sus compañeros será difícil que se comunique con ellos. Es importante que familia, terapeutas y colegio coordinen esfuerzos para implementar las nuevas habilidades adquiridas por el niño en todos los entornos posibles.

¿Por qué hacer terapia?

Aquí no vale el «ya aprenderá». La intervención terapéutica es absolutamente necesaria ya que es muy improbable que el niño aprenda competencias básicas de forma autónoma. Es imprescindible la consulta con profesionales sanitarios, terapeutas profesionales o equipos de orientación.

 
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