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Niños ordenados: misión posible

¿Repites cada día la frase «Recoge tus juguetes» en diferentes tonos? Y, sin embargo, ¿terminas por ordenarlos tú? Si es así, tengo una buena noticia: es posible enseñar a tus hijos a que recojan su habitación o su espacio de juego. Además de ser una buena costumbre de la que os beneficiáis todos, les ayuda en su desarrollo: potencia su autonomía, perciben el lugar ordenado como un entorno sosegado y seguro y, como encuentran los juguetes con facilidad, se evitan situaciones de tensión.

Cuanto antes comencemos a inculcar a nuestros hijos el sentido del orden, mejor lo interiorizarán. Una serie de pautas pueden facilitar el proceso de aprendizaje:

  • Cuando son pequeños (menos de 2 o 3 años) les enseñaremos con nuestro ejemplo, puesto que aprenden por imitación. Recogeremos la habitación cuando estén con nosotros, les contaremos lo que hacemos y por qué. También podemos encomendarles pequeñas tareas, como meter el pijama en el cesto de la ropa sucia o tirar el pañal a la basura. Predicaremos con el ejemplo manteniendo nuestro hogar ordenado. De poco servirá nuestro esfuerzo por enseñar a nuestros hijos a ser ordenados si tenemos nuestros papeles desperdigados por la mesa, los libros por el suelo, la ropa en el sofá o nunca encontramos las llaves porque las dejamos en cualquier lugar.
  • Les ayudaremos a recoger sus cosas, indicándoles el momento en que deben hacerlo y dónde guardar cada artículo. En un principio lo haremos con ellos («Yo guardo una pelota y tú otra» o «Yo recojo los coches y tú los peluches»). Según vayan aprendiendo necesitarán cada vez menos nuestro acompañamiento.
  • Decidiremos el momento de la jornada idóneo para recoger, y lo cumpliremos cada día. Así lo integraremos en la rutina cotidiana, como lavarse las manos antes de comer o hacer pis antes de ir a la cama. Cuando hayan interiorizado esta actividad como hábito, sabrán lo que esperamos de ellos, se sentirán seguros y la realizarán con facilidad y responsabilidad.
  • Durante el periodo de aprendizaje, les formularemos peticiones claras y concretas. Si decimos: «Recoge tus juguetes», puede que no sepan por dónde empezar y se sientan desbordados por la tarea. Les ayudaremos precisando lo que queremos que recojan: «Guarda las pinturas en el estuche», «Mete las pelotas en la cesta»…
  • Hemos de adaptar nuestras expectativas a la realidad. No podemos esperar que los pequeños recojan y coloquen todo exactamente como lo haríamos nosotros. Hay que tener en cuenta la edad del niño y sus capacidades. Resulta práctico clasificar los juguetes en cajones, estanterías, cubos o cestas bien diferenciados: las pelotas en uno, los coches en otro, los muñecos juntos, etc.; que estos lugares de almacenamiento estén a mano y que los niños sean capaces de abrirlos y cerrarlos sin ayuda. Incluso podemos poner fotos para que identifiquen en qué lugar se almacena cada cosa. Si prefieren alterar el orden, es conveniente permitírselo: aprenden a decidir por sí mismos y participan activamente en la organización.
  • Al igual que con cualquier otra tarea, aprenderán con más facilidad si hacemos que recoger sea una actividad divertida. Podemos escuchar o cantar una canción que les guste —o la misma con la que recogen en la guardería—, o inventarnos nuestro propio juego (carreras a ver quién recoge más rápido, pasarse la pelota antes de guardarla, saltar cuando se coloca un juguete en el sitio que le corresponde…).
  • Seamos pacientes y afectuosos. No se aprende a ser ordenados de un día para otro, y menos si lo consideran una obligación o una manía nuestra. Lo ideal es que lo vean como algo sensato y bueno para ellos: tener sus cosas ordenadas facilita el juego y les da autonomía.
  • La constancia es garantía de éxito. Quién no se ha sentido alguna vez cansado y deseoso de acabar cuanto antes…, pero hemos de hacer un esfuerzo por no realizar nosotros la tarea. Una vez que empecemos con el aprendizaje, pediremos a nuestros hijos que recojan sus cosas cada día y esperaremos a que terminen de hacerlo. En un momento dado, podemos echarles una mano, pero han de ser ellos los que se encarguen de ese cometido.
  • Evitaremos frases desmotivadoras o despectivas del tipo: «Es que no sabes hacer nada solo», «A ver si aprendes de una vez» o «Al final tengo que hacerlo todo yo». Queremos que nuestros hijos aprendan un hábito -el del orden- que consideramos útil para su desarrollo como adultos seguros de sí mismos, y para que ese aprendizaje sea efectivo han de entender las ventajas y beneficios que les aporta el ser ordenados. El mejor aprendizaje es el que llega de la mano del cariño, el respeto y la motivación, no del castigo, del menosprecio o de la obediencia ciega. El niño confía en nosotros y no hay mejor motivación para nuestros hijos que demostrarles que creemos en sus capacidades.
  • Aplaudiremos su esfuerzo y sus logros. No importa si no está cada cosa en su sitio, lo que cuenta es que pongan interés y avancen en su aprendizaje; y que vean que valoramos esos avances.

En resumen: hemos de dar ejemplo a nuestros hijos, ayudarles, elegir el momento adecuado del día, animarlos, ser pacientes y constantes y reforzar positivamente sus avances. Paulatinamente irán incorporando el hábito del orden a su rutina: ellos ganarán en autonomía y todos en tranquilidad.

Uxue Montero

 

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