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La lectura y su adquisición

Acceder a recursos de lecto

Dos rutas de acceso

En esta entrada queremos realizar un breve recorrido por los principales procesos implicados en la adquisición de la lectura, desde el momento en el que el niño se adentra en sus rudimentos, hasta que adquiere la agilidad lectora suficiente para considerarse un lector eficaz. Incluimos asimismo diversos materiales destinados a las familias que deseen incentivar en sus hijos el interés por la lectura.

Lo primero que hemos de tener en cuenta para comprender el aprendizaje de la lectura es que en el proceso de adquisición intervienen dos rutas de procesamiento complementarias: la fonológica y la visual. Ambas rutas deben desarrollarse para que la lectura sea eficaz, es decir, para que el niño pueda poner en marcha mecanismos de extracción del significado de lo que lee.

El segundo aspecto de relevancia es que el desarrollo de estas dos rutas no es paralelo: el niño desarrolla en primera instancia la ruta fonológica y, después, la visual.

Por último, al igual que ocurre con cualquier otro aprendizaje, para que sea posible la adquisición de la lectura, el niño debe contar con una serie de capacidades cognitivas básicas: lo que llamamos «prerrequisitos».

¿Cuáles son estos prerrequisitos?

No es nuestra intención hacer una relación exhaustiva, por lo que nos centraremos en los prerrequisitos más relevantes:

  • Atención y memoria (visual y auditiva).
  • Percepción y orientación espacial.
  • Discriminación auditiva y conciencia fonológica.

Cuando hablamos del desarrollo normotípico, estos prerrequisitos se dan de manera innata. En los niños con déficits en cualquiera de los procesos implicados en la ruta fonológica, será necesario adoptar otra estrategia de adquisición como puede ser la ruta global. En este caso, el niño podrá identificar palabras conocidas, pero le costará decodificar palabras nuevas, por lo que nuestros esfuerzos se centrarán, siempre que sea posible, en afianzar la ruta fonológica.

Educación infantil

Hacia el primer curso de educación infantil (3 años), el niño se adentra en la etapa logográfica: asocia un significado a palabras que se repiten con frecuencia (por ejemplo, su nombre o el nombre de sus amigos). Sin embargo, no existe en esa «prelectura» procesamiento fonológico. El aprendizaje es tan rígido que, si alterásemos mínimamente cualquiera de esas palabras, el niño no las reconocería. La razón de iniciar el aprendizaje lector por la ruta visual es claramente motivador. El niño de tres años carece de capacidad para diferenciar las letras que constituyen las palabras y más aún para llevar a cabo el oportuno análisis fonológico. En este enfoque inicial prima la intención de que el niño se acerque al código escrito a través de una ruta que le resulta sencilla: la visual.

Hacia los cuatro años el niño se inicia en el uso de la ruta fonológica. El primer paso será aprender cada letra, asociándola con el sonido correspondiente. Primero lo hará con letras aisladas y, a media que gane en destreza, leerá combinaciones de letras (sílabas simples y complejas). El paso siguiente será la lectura de palabras. Al concluir la etapa de educación infantil (5 – 6 años), el niño será capaz de leer con facilidad palabras e incluso frases sencillas y, lo que entraña mayor complejidad, de extraer su significado.

Vamos a detenernos en este punto para comprender cómo funciona la ruta fonológica en términos de procesamiento de la información:

En el caso de la lectura en voz alta (la que suelen utilizar los aprendices), se activa además el almacén articulatorio que permite pronunciar las palabras correctamente.

Educación primaria

En esta nueva etapa educativa (6-7 años) el niño seguirá afianzando el desarrollo de la ruta fonológica, pero utilizará la ruta visual ante determinadas palabras de uso frecuente. Esto le permite leer de forma fluida las palabras con las que que está familiarizado y dedicar más recursos atencionales a cuestiones complejas como la extracción del significado.

Veamos ahora el funcionamiento de la ruta visual:

En el caso de la lectura en voz alta, el niño conectará además con su almacén léxico-fonológico, para poder organizar la cadena de sonidos, y con el almacén articulatorio, para poder pronunciarlos correctamente.

Hacia segundo de primaria, el niño habrá ganado experiencia lectora: cada vez será mayor el número de palabras que se repiten con frecuencia y la ruta visual comenzará a ganar peso de forma natural. La ruta fonológica se reservará para el reconocimiento de palabras poco frecuentes o desconocidas.

A partir de tercero de primera, el niño estará preparado para prestar atención a nuevos elementos como los signos de puntuación y comenzará a asimilar la ortografía de las palabras.

¿Qué ocurre cuándo hay dificultades en alguna de las rutas?

Hasta aquí hemos hablado del aprendizaje del código escrito en niños con un desarrollo normotípico. Se estima, sin embargo, que alrededor del 5% del alumnado muestra dificultades en el desarrollo lector, en muchos casos, con un diagnóstico de trastorno específico de la lectura.

Hemos de ser rigurosos cuando hablamos de «trastorno de la lectura» y evitar confundirlo con un simple retraso lector. El trastorno específico de la lectura es un trastorno del neurodesarrollo, por lo que las dificultades comenzarán en el momento en el que el niño se inicia en el aprendizaje formal de la lectura –en torno a los tres años– y se mantendrán durante toda la etapa escolar.

Es posible que el trastorno no se manifieste hasta los 7–8 años, pero esto no significa que esas dificultades no hayan estado presentes hasta entonces: las exigencias educativas eran menores y el niño las ha ido superando a costa de un gran esfuerzo. En ausencia de un diagnóstico precoz, sin disponer de medidas facilitadoras, y ante unas actividades escolares que exigen cada vez mayor fluidez y comprensión lectora, las dificultades no harán más que acrecentarse.

¿En que aspectos nos basamos para distinguir entre retraso y trastorno de la lectura?: fundamentalmente en el perfil cognitivo del niño.

Como ya dijimos anteriormente, tras un trastorno de esta naturaleza subyace una base neurológica. Por tanto, hemos de valorar el perfil cognitivo del niño (no antes de los 7 años) y determinar el estadío de desarrollo de funciones básicas para el aprendizaje de la lectura. Por norma general (con alguna excepción), los niños con trastorno específico de la lectura suelen ofrecer puntuaciones bajas en tareas que implican:

  • memoria de trabajo auditiva o visual.
  • procesamiento secuencial de la información ligado con el procesamiento fonológico.
  • tareas de asociación visoverbal (ruta fonológica).

En contraposición, suelen ofrecer puntuaciones altas en tareas de carácter visual.

El análisis de los errores producidos y la respuesta del niño al tratamiento es otro factor importante desde el punto de vista del diagnóstico diferencial. Con la intervención adecuada, el niño con retraso lector muestra avances enseguida. Los avances del niño con trastorno específico de la lectura serán mucho más lentos.

Tampoco debemos olvidar el peso de la herencia genética. La probabilidad de que exista un trastorno específico de la lectura es mucho mayor cuando hay un familiar con este diagnóstico.

Como ya hemos señalado, el niño con trastorno específico de la lectura presenta dificultades significativas desde el inicio del aprendizaje formal, sobre todo, en el procesamiento secuencial de la información (ruta fonológica), lo que provoca errores típicos difíciles de corregir. Esto genera en el niño sentimientos de frustración y baja autoestima, lo que dificulta aún más el proceso de aprendizaje.

¿Qué podemos hacer para ayudar al niño con trastorno específico de la lectura?

Si eres papá:

  1. Mantente atento a posibles signos de alerta en los primeros contactos de tu hijo con la lectura: si le cuesta reconocer formas, muestra especial dificultad para aprender las letras, no reconoce su nombre o el de sus amigos…
  2. Muéstrate siempre empático con las dificultades del niño: debe tener la seguridad de que mamá o papá entienden lo que le pasa y están ahí para ayudarle. No debemos «obviar» las dificultades ni pasar por alto las exigencias de aprendizaje, pues perderíamos la conexión con la vivencia del niño y sería complicado empatizar con él. Podemos hablarle de lo difícil que es aprender a leer; contarle experiencias personales (a mi también me costó…) y hacer hincapié en todo lo que se está esforzando para conseguirlo.

  3. NO pongas etiquetas del tipo «es un vago» o «no le interesa».
  4. NO hables delante del niño de sus dificultades.
  5. Refuerza aspectos positivos del niño.
  6. Relativiza el aprendizaje de la lectura. Hemos de transmitir la importancia de aprender a leer, pero sin olvidar que el proceso debe ser placentero y motivador. Y para que esto sea así, debemos respetar el ritmo de aprendizaje del niño.
  7. Motiva la lectura utilizando material basado en los intereses de tu hijo.
  8. Contacta con especialistas (logopedas o psicólogos) para que realicen un diagnóstico diferencial y apliquen a oportuna intervención. Esos profesionales también os darán pautas prácticas a familias y profesores para facilitar el aprendizaje.

El niño con trastorno específico de la lectura es más propenso a sufrir fracaso escolar y malestar emocional. Una terapia adecuada le permitirá disfrutar de su etapa escolar y superar los retos académicos sin excesivas complicaciones.

Si eres profesional (logopeda o psicólogo):

  1. Diagnóstico diferencial:
    • Elaboración de la historia clínica para identificar aspectos del desarrollo o hereditarios relevantes.
    • Descripción del perfil cognitivo: descartar CI bajo, presencia de otros trastornos específicos (TEL, TDAH, TEA), valoración de puntos fuertes y débiles para la determinación de estrategias compensatorias.
    • Evaluación de situación emocional: los trastornos emocionales pueden interferir de manera decisiva en el aprendizaje de la lectura en particular, y en el rendimiento académico en general.
    • Evaluación específica del rendimiento en la lectura; descripción de errores detectados.
  2. Intervención:
    • Psicoeducación de padres: debemos instruir a los padres para que comprendan el origen de las dificultades de su hijo y sus características concretas y ofrecerles estrategias puntuales destinadas a facilitar el día a día. Los padres son un factor esencial en el desarrollo del niño, por lo que es imprescindible su implicación en el proceso de aprendizaje.
    • Psicoeducación de profesorado: con frecuencia observamos que niños con trastornos de aprendizaje de la lectura generan respuestas psicosomáticas relacionadas con el contexto escolar (dolor de cabeza, dolor de barriga, erupciones en la piel…), se sienten desesperanzados, tristes e indefensos, y muestran un manifiesto rechazo a la escuela. Si el profesorado comprende las dificultades del niño y lleva a cabo las adaptaciones oportunas, evitaremos la aparición de esas respuestas de rechazo.
    • Diseño de un plan de intervención en función de las dificultades y motivaciones del niño que tenga en cuenta su edad, trastornos asociados, contexto familiar, situación emocional, estrategias de compensación y motivación.
 

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