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Estreñimiento infantil

El estreñimiento es un problema común en la infancia. Madres y padres nos preocupamos ante estos episodios tan molestos y dolorosos para nuestros pequeños e incluso acudimos al pediatra en busca de ayuda. Sin embargo, la mayoría de las veces se soluciona con un simple cambio de dieta y de hábitos.

Entendemos por estreñimiento la retención de materia fecal y decimos que un niño está estreñido cuando sus deposiciones son escasas o las heces son duras y causan dolor al expulsarlas. Para valorar si nuestro hijo sufre estreñimiento infantil, y cómo tratarlo en caso de que así sea, debemos tener en cuenta su edad, ya que la frecuencia de deposiciones y los alimentos que puede ingerir varían en función de esta.

Los bebés que se alimentan de pecho exclusivamente suelen hacer varias deposiciones al día e incluso hay lactantes que lo hacen después de cada toma. Esta frecuencia puede ir descendiendo a partir de la tercera semana de vida y no es inhabitual que pasen varios días sin que se produzcan deposiciones. La razón de ello es que la leche materna es muy digestiva, deja muy pocos residuos y se absorbe casi en su totalidad. Si las heces son blandas, el hecho de que tu hijo haga más esfuerzo de lo normal no tiene por qué significar que está estreñido.

La leche de fórmula, en cambio, es más difícil de digerir y por tanto es más probable la aparición de estreñimiento infantil. Puede reducirse notablemente el número de deposiciones —menos de una cada tres días— y al niño le cuesta más hacer caca, se pone colorado por el esfuerzo, se muestra más irritable y puede tener menos apetito.

Con la introducción de la alimentación sólida o casi sólida, hemos de fijarnos en la frecuencia de las deposiciones del niño; si esta disminuye de manera notable, podemos hablar de estreñimiento. A título orientativo podemos considerar que el niño está estreñido si hace caca menos de tres veces a la semana o una vez cada tres días, o si las deposiciones son duras y secas y provocan dolor al expulsarlas (independientemente de la frecuencia). En los casos más graves, la acumulación continuada de heces puede llegar a originar una distensión del colon con la desaparición del deseo de defecar.

La causa más habitual de estreñimiento infantil es una inadecuada alimentación. Las dietas bajas en fibra y líquido producen materia fecal seca y dura, que será más difícil de expulsar y causará dolor. Al permanecer más tiempo retenida, aumentará su tamaño y, con ello, la dificultad para expulsarla. No respetar los horarios de las comidas, y los sucesos que alteran o provocan tensiones en el niño (vacaciones, comienzo del curso, separación de los padres, un nuevo hermanito, etc.) también pueden ser causa de estreñimiento. Asimismo, es normal que lo sufran los bebés cuando se empieza a introducir alimentos sólidos, ya que disminuye la cantidad ingerida de leche materna y por tanto sus efectos sobre las heces, por lo que estas se endurecen, se secan y aumentan de tamaño.

Para combatir el estreñimiento infantil, en la mayoría de las ocasiones bastará con seguir algunas pautas de nutrición, higiene y hábitos saludables:

Bebés lactantes:

  • Si la lactancia es materna, la única indicación es continuar con ella en exclusiva y a demanda. Está contraindicado el aporte de zumos e infusiones; favorecen el estreñimiento, alimentan menos que la leche materna y pueden poner en peligro la continuación de la lactancia, ya que disminuirá la ingesta de leche.

  • Si la lactancia se realiza mediante leche de fórmula, lo mejor es consultar con el pediatra, quien valorará la conveniencia de un aporte extra de líquido, de cambiar la leche de fórmula o de otro tratamiento.

  • Los baños con agua templada y los masajes abdominales suaves también son de ayuda. Para ello, flexionaremos las rodillas del niño con cuidado, aproximándolas hacia el cuerpo, y rotaremos las piernas en un ejercicio similar al de montar en bicicleta.

  • Aunque no es desaconsejable estimularles el culito con un termómetro o similar en un momento puntual, no se debe recurrir a ello de forma habitual, ya que el niño puede acostumbrarse y no aprenderá a evacuar por sí solo.

  • Mantendremos una correcta higiene en la zona en contacto con el pañal, aplicando pomadas antiirritantes siempre que sea necesario.

Niños con alimentación sólida:

  • Beber más cantidad de agua —como mínimo dos vasos al día—, más aún cuando están sometidos a altas temperaturas o realizan ejercicio físico.

  • Incrementar la ingesta de alimentos con fibra: fruta (excepto plátano y manzana), verdura (excepto zanahoria), legumbres, cereales con fibra, frutos secos (solo a partir de 5 años).

  • Importante: en niños de hasta dos años, comprobaremos que pueden tomar esos alimentos —el pediatra o la enfermera de pediatría nos informarán exhaustivamente—, y en caso de que los introduzcamos por primera vez, lo haremos de uno en uno, en pequeñas cantidades y dejando un intervalo entre ingestas de dos o tres días.

  • Disminuir los alimentos astringentes: arroz, zanahoria, plátano, productos elaborados con harinas refinadas, zumos industriales, platos precocinados, dulces.

  • Utilizar aceite de oliva para preparar las comidas, incluso un poco más de la cantidad habitual.

  • Después de comer, sentar al niño durante unos minutos para que interiorice el hábito de defecar. Es preferible que use orinal, ya que apoyar los pies en el suelo le ayudará a hacer fuerza. Si utiliza el inodoro, puede resultar útil colocarle un taburete bajo los pies. Intenta distraerle para que aguante sentado, anímale y sobre todo no le regañes (y mucho menos castigarlo) si no consigue hacer caca.

  • Cumplir un horario regular de comidas y evitar el picoteo entre horas.

  • Realizar ejercicio físico. No es necesario que sea una actividad intensa; un simple paseo favorece el tránsito intestinal y alivia el estreñimiento.

  • Evitar que el niño aguante las ganas de ir al cuarto de baño. En ocasiones, el niño está tan entretenido con el juego o la televisión, que aguanta los deseos de evacuar. Los padres debemos estar atentos a ello, para que no «se le pase el momento».

  • Si con estas pautas de alimentación y rutina no desparece el estreñimiento, ha llegado el momento de consultarlo con el pediatra. En ningún caso debemos medicar al niño o administrarle laxantes que no hayan sido prescritos por nuestro médico, ya que pueden ser contraproducentes; no debemos olvidar que, aunque en un número menor de casos, el estreñimiento infantil puede ser un síntoma de un problema orgánico, psicológico o de desarrollo. En cualquier caso, aunque las indicaciones anteriores den resultado y se solucione el problema, debemos informar al pediatra en la siguiente visita, para que refleje esa circunstancia en el historial del niño.

    Uxue Montero

 

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