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Motivación: la clave del éxito

En Bla Bla estamos convencidos de que la única forma de provocar cambios significativos y duraderos en el niño es la motivación, esa fuerza que nos empuja a perseguir un objetivo concreto, a conocer y a descubrir.

Es fácil sentirnos motivados cuando nos embarcamos en algo que nos gusta: nuestra motivación procede del mismo placer que nos proporciona la realización de esa tarea (lo que se conoce como «motivación intrínseca»). No ocurre lo mismo, sin embargo, cuando nos enfrentamos a una actividad que nos aburre, nos cuesta o nos desagrada. En ese caso, nos sentiremos más dispuestos a llevar a cabo esa tarea si hay una motivación externa como puede ser la anticipación de una gratificación o de un reconocimiento, o —en el extremo contrario— la evitación de un castigo o de una consecuencia desagradable. La novedad —que estimula la curiosidad, ese deseo tan humano de experimentar y explorar cosas nuevas— es una excelente fuente de motivación. Toda persona –bebé, niño, adolescente o adulto– reacciona con mayor intensidad a los estímulos novedosos y hemos de aprovechar esa circunstancia para sacar el máximo partido del aprendizaje.

El niño con un trastorno del aprendizaje, del lenguaje o de otro tipo debe ser el arquitecto de su propio cambio. Nuestra función consiste en ofrecerle las necesarias herramientas y recursos terapéuticos —que son muchos— en un entorno motivador. Y eso exige atender a su individualidad, a sus intereses y preferencias, porque únicamente despertando su curiosidad, estimulando su deseo de conocer y explorar —en una palabra, motivándole— el aprendizaje será realmente efectivo.Niña_disfrazada

Esto requiere una forma de entender la psicología y la logopedia alejada del encorsetamiento de la concepción convencional: podemos trabajar la lectoescritura jugando con instrumentos o bailando o haciendo ejercicio o montando coreografías. Podemos estimular la atención y las funciones ejecutivas a través de la cocina o el teatro o diseñando nuestro propio material didáctico. Toda actividad creativa es una valiosa herramienta si tiene capacidad para asombrar, despertar el interés y promover la participación, y nada incita más al aprendizaje que el deseo de hacer y conocer.

Pero lo aprendido en el curso de la terapia debe consolidarse «en la vida real», en el entorno en el que el niño crece y se desarrolla: el hogar y la escuela.

Y en este terreno es imprescindible la implicación de padres y profesores adecuadamente formados, padres y profesores que entiendan que las conductas de los niños responden muchas veces a una base neurológica o genética y no a un deseo consciente de «no atender» o de «molestar»; que comprendan qué le ocurre a su hijo o alumno y qué pueden o no pueden esperar de él y, por tanto, qué pueden exigirle. Un error de atribución de causas provoca en el niño un rechazo hacia el acto de aprender y una absoluta desmotivación por todo lo relacionado con la escuela. La motivación es el motor que nos mueve, que nos hace superarnos y desear aprender. Pero la motivación requiere de objetivos alcanzables. Y solo el padre o el profesor que tiene un conocimiento claro de lo que el niño puede dar de sí, puede establecer esos objetivos.

Sabemos por experiencia que cualquier trastorno del aprendizaje (dislexia, aprendizaje no verbal,…) mejora espectacularmente cuando el profesor y los padres entienden las causas del comportamiento del niño y saben gestionar adecuadamente cada situación. Únicamente ajustando las expectativas a la capacidad del niño, brindándole el apoyo necesario y reconociendo y premiando sus avances lograremos que desee embarcarse en el proceso de aprendizaje.

Iciar Casado (Psicóloga)


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