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Disfemia evolutiva: algunas pautas para las familias

¿Qué es la disfemia evolutiva?

Disfluencias o «atascos» que se dan en el habla del niño entre los dos años y medio y los cinco años.

Este tipo de tartamudeo suele remitir espontáneamente, sin necesidad de intervención específica, pero ante la duda debemos acudir a un especialista que supervise la evolución del habla del niño.

Es importante diferenciar la disfemia evolutiva de la disfemia o tartamudez propiamente dicha. Esta última es una perturbación de la fluidez de la expresión verbal caracterizada por repeticiones, bloqueos, espasmos o prolongaciones involuntarias de sonidos y sílabas, sin que existan anomalías en los órganos de fonación que justifiquen ese comportamiento. La tartamudez se relaciona con causas neurogénicas o psicológicas y condiciona notablemente la capacidad de comunicación y vida de quien la presenta.

Con frecuencia se acompaña de mutismo, retraimiento y evitación de situaciones en las que el niño o el adulto se ven obligados a comunicarse.

¿Qué pueden hacer los padres ante la disfemia evolutiva?

  • Considerar las disfluencias como parte de la evolución del niño, no como un problema.
  • Poner atención a lo que dice el niño y no a cómo lo dice (el contenido por encima de la forma) y mostrar verdadero interés por lo que nos cuenta.
  • Mantener la calma cuando el niño se bloquea; hacer como que no pasa nada.
  • Esperar a que el niño termine de hablar evitando interrupciones y superposiciones.
  • Emplear ante el niño un modelo de habla más relajado y lento, con un contenido más simple tanto semántica como sintácticamente.
  • Evitar preguntas constantes. Es preferible comentar a partir de lo que el niño haga o diga.
  • Formular preguntas de una en una, despacio y sin complejidades innecesarias.
  • No tratar de ayudar en los bloqueos si el niño no nos lo pide (terminando frases o adivinando palabras, por ejemplo).
  • Ignorar el tartamudeo y continuar hablando.
  • Evitar hablar de las disfluencias del niño en su presencia.
  • No dar indicaciones de cómo hablar.
  • Evitar expresiones del tipo «tranquilo, respira, ya pasará…». Es preferible ignorar la forma y centrarse en el contenido que el niño quiere transmitir.
  • Coordinar a las personas que interactúan a diario con el niño (profesores, otros miembros de la familia…) para que actúen ignorando las disfluencias del niño.

Si, a pesar de estas indicaciones, el niño sigue presentando bloqueos o estos van en aumento, os recomendamos encarecidamente que os pongáis en contacto con un profesional que os explicará en detalle el modelo de doble abordaje que se aplica en estos casos: intervención directa sobre el niño e intervención indirecta a través de la familia.


Si quieres saber más sobre la disfemia, te proponemos la lectura de los artículos siguientes:

Hiperactividad y disfemia

Tartamudez y edad mínima de diagnóstico

Padres culpables

Tartamudez y acoso escolar

Mi hijo tartamudea, ¿debo preocuparme?

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Preguntas frecuentes sobre la disfemia

 

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