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Cursos creativos: ¿una actividad extraescolar?

Cuando presentamos por primera vez nuestros cursos creativos, algunos padres mostraron su reticencia alegando que sus hijos tenían «demasiadas actividades extraescolares» y que, al realizarse fuera del centro escolar, «era un lío tener que traer y llevar a los niños».

Creatividad

Somos conscientes de las complicaciones que entraña la organización cotidiana, máxime cuando en la mayoría de las familias, ambos progenitores trabajan fuera de casa. Como padres no dudamos en sacar tiempo de donde no lo hay si observamos que nuestros hijos manifiestan algún tipo de dificultad en su rendimiento académico o un déficit que repercute visiblemente en su comportamiento o bienestar social o emocional. Sin embargo, nos sentimos más reacios a hacerlo cuando se trata de reforzar habilidades cognitivas, emocionales y sociales en niños que no parecen manifestar ninguna carencia por considerarlo innecesario o incluso una pérdida de tiempo.

Antes de explicar por qué no creo pertinente incluir nuestros cursos de arte y creatividad en la categoría de actividades extraescolares, quisiera remontarme, si me lo permitís, a los talleres psicopedagógicos originales de los que se derivan.

Los talleres terapéuticos que Bla-Bla imparte desde hace años fueron concebidos como complemento de la intervención individual, por cuanto sabemos que cuando el niño está inmerso en una actividad que le atrae y motiva, se muestra mucho más predispuesto a poner en práctica lo aprendido durante las sesiones con su logopeda o psicólogo. Además de su utilidad como reforzador, estos talleres nos ofrecen otra ventaja nada desdeñable: los chavales se desenvuelvan en un medio similar al que encuentran en la escuela (muy diferente del entorno aséptico de la consulta), con todas las exigencias que esto implica, ya se trate de hacer uso de habilidades comunicativas, de trabajar en equipo o de controlar la impulsividad, por ejemplo.

Diseñar talleres psicopedagógicos eficaces es una tarea exigente tanto desde la óptica de la generación de material como de la organización práctica. Preguntemos a cualquier niño y nos dirá que le encanta hacer cosas divertidas, pero no todos los niños consideran divertidas las mismas cosas, ni tampoco sus dificultades son iguales. Y el éxito de nuestro talleres terapéuticos (como de cualquier otro, por otra parte) estriba en que el niño desee participar y se sienta cómodo realizándolo, con independencia de sus dificultades o de la magnitud de estas.

Por ello, cuando en su día nos embarcamos en esa iniciativa terapéutica, los componentes de Bla-Bla teníamos claro lo siguiente:

  • Debíamos crear talleres altamente dinámicos y motivadores, en los que tuviese cabida todo tipo de manifestación artística (pintura, escultura, diseño gráfico, comics, sombras chinescas, audiovisuales, música, teatro…), de forma que todos los participantes encontrasen el medio o canal de expresión idóneo, con independencia de sus preferencias particulares. Esta tarea se encomendó al diseñador y humorista gráfico Pablo Matera, autor de varios libros infantiles, quien a pesar de los muchos años que lleva organizando este tipo de actividades, sigue asombrándonos con sus propuestas divertidas e innovadoras. Su aportación ha sido fundamental para ofrecer a los chavales experiencias atractivas.

  • La metodología de los talleres debía ser tal que permitiese la adecuada integración de niños con dificultades de distinto grado, sin que esta circunstancia menoscabase o interfiriese en la actividad desarrollada por los otros participantes. La parte organizativa de los talleres requirió muchas horas de reuniones y conversaciones entre nuestros psicólogos, logopedas y musicóloga, ya que debíamos tener la certeza de que los resultados serían los esperados. El proyecto exigía cuidar la composición del grupo para que la interacción entre los participantes fuese mutuamente provechosa. Era necesario, además, un minucioso estudio de las dificultades de cada niño para determinar la conveniencia o no de formar parte de este tipo de proyecto, el seguimiento de su actitud e implicación por parte de su psicólogo o logopeda (con presencia en la propia aula, si bien manteniéndose dentro de lo posible en un «segundo plano»), la revisión periódica del cumplimiento de los objetivos y metas trazados, entre otros, la consolidación y refuerzo de lo trabajado en las sesiones individuales (psicológicas o logopédicas), y el establecimiento de objetivos secundarios (más allá de los que motivaron la intervención), si la dinámica de la interacción con sus iguales lo propiciaba. El procedimiento requería además la revisión comparativa de la evolución de los niños, según criterios preestablecidos por el equipo, para cuantificar las ventajas derivadas del enfoque «gabinete-taller» frente a la atención individual en «gabinete exclusivamente».

Además de los beneficios obtenidos, otro resultado de los muchos años organizando este tipo de talleres psicopedagógicos fue la consolidación de una metodología probada y la creación de un repositorio de materiales y recursos artísticos cuyo alcance y aplicación sobrepasa el campo puramente terapéutico. Son esos recursos y conocimientos los que ahora nos permiten ofrecer cada año cursos de arte y creatividad destinados a niños que no presentan dificultades, pero que habrán de enfrentarse a lo largo de su vida académica y profesional con un entorno exigente, vertiginoso, continuamente cambiante (muy distinto al que conocieron sus padres y abuelos), en el que la inteligencia emocional, las habilidades sociales y la capacidad de adaptación y aprendizaje, en su concepción más amplia, tendrán tanto peso como el currículo académico.

Nuestra intención no es proponer una actividad extraescolar más. Ese cometido lo cumplen los centros escolares a través de sus AMPAs y, a nuestro juicio, lo hacen francamente bien. Nuestro enfoque tiene un marcado carácter holístico que va más allá de las distintas disciplinas o materias: aprovechamos la curiosidad y el inmenso potencial imaginativo del niño para desarrollar destrezas tan imprescindibles como la organización y la planificación, el razonamiento crítico, la perseverancia, la automotivación, la tolerancia a la frustración, la asertividad o la competencia social. Si nuestros hijos son capaces de plantearse y perseguir metas a largo plazo, no se arredran ante las situaciones nuevas y se enfrentan a los desafíos con una buena dosis de creatividad y humor, podemos tener la seguridad de que tienen mucho terreno ganado en los ámbitos afectivo, académico y social y, por supuesto, en su futura trayectoria laboral.

Iciar Casado (Psicóloga)

 

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